Opinión

Yo también
tendría miedo

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glorieta cibeles. (cuartoscuro)

Alguien que leyó las columnas publicadas aquí sobre el caso de Bosque de Framboyanes 495 (http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/df-ser-decente-no-funciona.html) me buscó a través de un amigo en común y me pidió divulgar su historia. Tiene miedo de que diga su nombre, de que detalle sus datos personales. Luego de escuchar su testimonio, yo también tendría miedo.

Este vecino vive en la colonia Roma. Cerca de la glorieta de la Cibeles. Es público que desde hace años esa zona vive un boom. Han florecido ahí cafés, restaurantes y antros. Unos dicen que tanta gente acudiendo a esas calles es una buena noticia. Que la ciudad conquista nuevos espacios. Que se recuperan zonas que estaban deprimidas. Que hay un despertar de la calle. Para este vecino en cambio, y sobre todo por las noches, la palabra que describe correctamente la situación es pesadilla.

Pesadilla que comenzó hace dos años. Una casa catalogada por el INBA en la calle de Sinaloa se convirtió de repente en sede para fiestas particulares. “Eran pachangas ilegales, por las que cobraban, que cada semana terminaban a las cuatro o cinco de la mañana. Nos quejábamos con las patrullas, que nunca hacían nada. Los vecinos estamos en total indefensión”.

Como en el caso de Framboyanes, el vecino hizo su parte. Acudió al Instituto de Verificación Administrativa del Distrito Federal (Invea). “Días después fui al Invea a preguntar qué pasó con mi queja, me dijeron que no habían encontrado nada irregular. ¿Cómo pudo ser? Fácil: reconocieron que fueron en horas diurnas, cuando les dije que se trataba de fiestas nocturnas. Me dijeron que eso está fuera de sus horarios. ¡Y ya!”.

Acudió a la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT), fue a la Delegación Cuauhtémoc, pero nada pasó. O más bien sí, pero no lo que él hubiera esperado.

“Empezaron a aparecer cosas muy sospechosas afuera de mi casa. Dejaban ahí suciedad, excremento. Luego, coches que se estacionaban enfrentito con gente dentro, con la obvia intención de que los veas. Nos tomaban fotos. Incluso una patrulla de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal estuvo una vez ahí cuatro horas, sus ocupantes viendo nuestra casa. Nos quieren amedrentar. Me vi en la necesidad de poner un sistema de cámaras”.

Las fiestas cesaron, pero porque ahora en esa casa se lleva a cabo una construcción que todo indica, según el vecino, será para que el inmueble se convierta en antro. Adivinaron: el uso de suelo ahí es exclusivamente habitacional y la obra ni siquiera tiene manifestación de obra.

“La connivencia de las autoridades es descarada. Hay inacción del Invea en el tema de uso de suelo, de la PAOT en el caso del ruido e impacto ambiental, de la delegación en cuanto a la falta de permiso de la obra, del INBA, en fin”, me dice el vecino, que teme que esta ley de la selva, donde los ciudadanos están indefensos ante la voracidad de estos “empresarios”, se vuelva peor si se aprueba el segundo piso llamado Corredor Chapultepec, “pues más y más gente vendrá a esta zona y más será el poder de los antreros”.

Le comento que las vecinas de Bosque de Framboyanes 495 fueron amenazadas luego de que se publicó su caso. “Lo entiendo, pero yo quiero que si uno de estos días me pasa algo raro, no se trataría de un accidente, yo quiero que se sepa que esto me estaba ocurriendo”.

¿Ustedes no tendrían miedo?

Twitter: @SalCamarena

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