Opinión

Yo, el inequívoco

19 junio 2013 16:12

 
Cuando yo tenía 20 años —y que aún ignoraba que con los años enderezaría mi camino hacia la práctica poética—, José de Jesús Sampedro, en su primer cuarto de siglo, ya obtenía el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, siendo, hasta la fecha, el poeta más joven en recibirlo.
No sé qué habrá dicho Sampedro, pero ahora que lo conozco bien pienso que ha de haber pronunciado alguna de sus célebres frases que lo caracterizan, porque yo no conozco, y dudo que haya una réplica suya, a otro escritor de tan rebosado ingenio: uno puede conversar durante largas horas con este hombre sin percatarse de cómo pasa el tiempo en torno nuestro. Y lo mismo habla de filosofía que de rock, de literatura que de futbol, de arte que de cine.
Su libro un (ejemplo) salto de gato pinto, el elegido para llevarse el preciado galardón en 1975, lo editó Joaquín Mortiz un años después, en abril de 1976, volumen que guardo entre mis connotadas preferencias escriturales, sobre todo por ese acontecimiento joyceano de que algo, siempre, está a punto de suceder en el libro, que me ha dejado, y me dejó en su momento, conmovido, acaso conmocionado: “represivo caimán / irse de ti muy temprano o / meterse dentro de un azogue duro irte de mí / puedes oírme / afuera un ritmo de botas de soldado / una bayoneta se clava / en la puerta y cede / entran a nuestra casa te despiertas // rompen tu sueño desbaratan el poema”.
Y, me pregunto, ¿no puede estar sucediendo esta calamidad ahora mismo?
El poemario va a cumplir en 2015 cuatro décadas de vida, y José de Jesús Sampedro parece guardar un prolongado —como misterioso— silencio poético. ¿Por qué el poeta no continúa publicando libros de poesía si su escritura, con el tiempo, se ha perfeccionado hasta la desmesura?
Cuando leí el libro por vez primera, recuerdo que me hacía numerosas preguntas. Una de ellas fue: ¿este poeta es para poetas? Una más: ¿su escritura es exclusiva de escritores? Y otra: ¿lo que dice lo insinúa o lo reafirma? Y otra: ¿su contenido es producto de la imaginación a partir de la lectura inagotable o son los decires que surgen por destejer la vida misma? Me sorprendía su profundidad en su juventud: “da lo mismo mencionar esto natalia / pero entonces saberlo hubiera sido interesante / (está lloviendo ahora) dije adiós breton y / abrí la puerta siempre tan burro como soy y / lo hice perfecto la ciudad se torció fue demasiado / un comando militar me apresaría / me basta salir un momento (como ahora) / y entenderlo todo”.
¡Diablos!, me decía, ¿cómo se fabrica esta poesía tan compleja pero tan sencilla de comprender? Tampoco tengo idea de cómo habrán sido los diálogos entre los jueces de aquel certamen, que entonces fueron Miguel Donoso Pareja, Víctor Sandoval y Desiderio Macías Silva, los dos últimos, hidrocálidos, ya fallecidos, mientras el tercero, luego de vivir una larga temporada en México, retornó a su Guayaquiil, Ecuador, desde principios de los años ochenta del siglo XX. No sé cómo habrán discutido para resolver el premio a favor de este poeta zacatecano, distante de los núcleos de poder culturales, y pieza central de la cultura en su estado natal. Hoy no sé si lo hubiera podido obtener, ya que ahora incluso ntes de la convocatoria misma se sabe de antemano quién será el elegido (de algo han servido, finalmente, todas estas relaciones públicas que significan las becas y los becarios institucionales).
¿Qué hace que un poemario merezca un premio?
La decisión, en efecto, de un jurado calificador. Sólo. Pero así como hay entregas descaradas, descarnadas, desconfiadas, donde los contenidos no importan sino únicamente los nombres, las amistades (¡y vaya cómo hemos tenido de estos entresijos en los últimos años!), que son los más (¿a quién le importa ya que Fernando Savater se lleve el Premio Octavio Paz si este galardón justamente fue creado para satisfacer pecuniariamente a los cercanos del Nobel mexicano, sin importar qué hace o qué ha hecho el galardonado, si sus palabras son mentiras o son simulaciones sus componendas intelectuales?), también hay, que son las menos, voluntades que parten de los hechos mismos, la propia escritura, como fue el caso, me parece, de Sampedro: “ánfora de nieve bufido / ideamos un puente cruza aguafuerte / permanente melancolía orangután inútil tinaja de astro / donde respira un pájaro tonto / contraabajo rinde cercado en 0 dispositivo crítico de zona / desesperanza resguarda / excelente maniobra digo mientras beatles / un durazno soga de cargador entiende / dibujo la pasión ortiga la balanza / muere tu corazón metate de piedra verde muerde tus entrañas...”
Son canciones, me decía, de Procol Harum: “arroja tus ojos de algodón lechuza pálida...” O de Supertramp: “yo toco un piano antiguo en una tienda de animales...”
¿Por qué el poeta no escribe, diablos, más poesía?
Pero allí está su libro de prosa No estar y estar y (Cuadernos de EL FINANCIERO, número 41, con el cual esta colección celebró su décimo aniversario), un panorama —con portada de Elvis Presley, para que no se diga que los tiempos caen en el olvido— de intensa reflexión donde la escritura es el centro de la discusión. De nuevo: ¿es José de Jesús Sampedro un escritor para escritores o escribe tan pulcro, tan conciso, tan riguroso, como pocos son capaces de hacerlo hoy en día que su escritura salta como chorro de vodka —como la mujer de un poema suyo— directo a la embriaguez lectora? Y lo leo, y me contesto que no, que Sam no es un escritor de exclusividades, sino escribe tan bien que es un caso honroso de excepción. ¿A qué escritor le va a importar lo que diga el lector o los lectores si su escritura depende únicamente de él, no de las exhalaciones lectoras?
“Bendito sea siempre el futbol —dice Sampedro en su libro de prosa—
porque de él serán las alegorías y las ironías, y porque de él será también aquello inexpresable e intraducible que media aún entre ambas, y porque de él será también su metáfora indivisa... Bendito sea siempre el futbol porque multiplicó mi Yo inequívoco y lo bordeó de una fonética cantarina...”
¡Y allí está, hélas, el poeta, también en su prosa, en sus ensayos, en su devenir escritural! ¿Que el poeta se había retirado en los refugios del silencio? Craso error: está en toda su escritura, aunque el poeta no lo quiera, aunque quizás en lo más hondo de su ser deseare guardar silencio. No. No le es posible. Porque su libro de ensayos, de apuntes, es un mero hecho poético: “bendito sea siempre / el futbol / porque multiplicó / mi Yo inequívoco / y lo bordeó / de una fonética cantarina...”
El poeta no puede rehuir de sí mismo.