Opinión

Yo ciudadano

 

Los ciudadanos queremos dos cosas principalmente: oportunidades para contar con un trabajo digno y seguridad en nuestras personas y nuestros bienes. Para esto se requiere un buen gobierno que ponga particular atención al desarrollo económico generador de empleos dignos y a un sistema de administración de justicia eficiente y honesto aunado a una política clara de transparencia y rendición de cuentas a los distintos niveles de gobierno.

El arranque del sexenio del Presidente Enrique Peña Nieto, a partir del 1 de diciembre del 2012, es promisorio:

1.- El 2 de diciembre de ese mismo año se firma el Pacto por México, acuerdo que había sido promovido por la sociedad, particular, pero no exclusivamente, por el movimiento México a Debate, desde años atrás. Es un notable avance que define el México que queremos y establece 95 compromisos sobre los que se necesita actuar. Su gran limitación, el no haber tomado en cuenta a la sociedad que fue su principal impulsora y promotora y así unirse a ella. Su gran riesgo, anunciado por México a Debate y transformado ya en una desafortunada realidad, la postura de los partidos políticos que al luchar sólo por sus intereses particulares y no por los del país, impidan continuar con este Pacto y lo revienten. En cualquier forma, durante los meses que estuvo en vigor logró sacar trascendentales reformas, a algunas de las cuales nos referimos más adelante.

2.- No recuerdo otro sexenio, en mi ya larga vida, en donde se haya impulsado en el primer año de gobierno un número tan significativo de reformas de indudable trascendencia para la vida nacional: la energética, la educativa, la fiscal, la de telecomunicaciones, la política y la financiera, entre otras. Faltan sin duda, en aquellas que afectan la Constitución, las leyes secundarias “…y en los detalles es en donde el diablo mete la cola”.

3.- La reforma energética, se ha dicho, es la madre de todas las reformas. Efectivamente, toca puntos que hasta la fecha habían sido considerados como intocables y las reacciones de los grupos de izquierda, principalmente, no se han hecho esperar. Los resultados no se verán en el corto plazo, pero sin duda abre la puerta a un México mucho más moderno y susceptible de recibir las inversiones nacionales y extranjeras generadoras del empleo digno que tanto requiere la población. Necesitamos crecer al 6 por ciento del PIB para generar los mencionados empleos.

El PIB nacional ha crecido en promedio en las dos décadas anteriores a un raquítico 2 por ciento. La mezcla de un bajo crecimiento económico con la impunidad y corrupción que caracteriza al país, ha traído lo que era inevitable, un desmesurado crecimiento de la economía informal y el avance del crimen organizado y la violencia en Michoacán y otros estados de la república.

4.- Ya me he referido en un artículo anterior a la reforma que he denominado miscelánea fiscal, dada sus limitaciones y estrechez de visión. Pero debo reconocer que se han hecho un buen número de modificaciones impulsadas por diversos sectores de la sociedad, particularmente el sector empresarial, y que el gobierno se ha comprometido a no cambiar los impuestos en lo que resta del sexenio y a vigilar lo que es indispensable: el buen uso de los recursos públicos, esto es, poner en práctica lo que la sociedad ha venido exigiendo desde tiempo atrás: transparencia y rendición de cuentas a todos los niveles de gobierno. Pronto veremos si se cumple con lo prometido. Por lo pronto, en materia de rendición de cuentas, deberíamos ver tras las rejas a un buen número de políticos que cínicamente han tomado nuestros recursos para enriquecerse. Esta sería una buena señal de que el asunto va en serio.

5.- El gobierno, desde hace tiempo descuidó la seguridad en Michoacán y otros lugares, como lo señalamos anteriormente, y estamos pagando las consecuencias. La violencia y la inseguridad atacan directamente a la democracia, pues impiden al ciudadano gozar de su más elevada garantía: la libertad. Libertad que se ve coartada por el temor. El temor al secuestro, a la violencia, al cobro de piso, miedo a unos Caballeros Templarios que piden como cuota la entrega de la esposa o de la hija para disfrutar de ellas durante algunas semanas. La violencia y la inseguridad tienen muchos socios, no sólo los miembros del crimen organizado, entre ellos algunos policías, presidentes municipales, gobernadores y uno que otro secretario de estado.

Las reformas son una esperanza, las leyes secundarias serán, llegado el caso, su respaldo. Su aplicación será la prueba de fuego. Buenas leyes y funcionarios probos es lo que el país necesita. Sólo mediante una sociedad exigente y no sólo crítica, es como lograremos que esto se transforme en realidad. Nosotros, los ciudadanos, tenemos la palabra. Pasemos del discurso a la acción constructiva.

Presidente de Sociedad en Movimiento

Correo: alberto.nunez33@gmail.com