Opinión

Yo ciudadano me indigno

21 abril 2017 5:0
 
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DUARTE.

Yo ciudadano me indigno nuevamente y como nunca, por la impunidad imperante en nuestro país. Impunidad que según los expertos alcanza el 98% de los casos, o sea, que sólo el 2% recibe el castigo que merece y que es fuente de la corrupción imperante. Impunidad y corrupción que, según nos dice Enrique Peña Nieto, es parte de nuestra cultura y, si esto es cierto, penetra y se integra a la conciencia de nuestros educandos desde temprana edad.

Impunidad denunciada constantemente por la Auditoría Superior de la Federación, institución digna de nuestro respeto, pero que cae, en la mayor parte de los casos, en un injustificado y lastimoso vacío.

Impunidad por hechos que han causado indignación en la sociedad mexicana sin que haya pasado algo…o muy poco, en relación con su gravedad: La Casa Blanca, la casa de Videgaray, los sonados casos de César Duarte, Yarrington, Arturo Montiel, Moreira, Panama Papers, y otra lista interminable de atropellos.

Yo ciudadano me indigno.

Y me indigna nuevamente, sobremanera, el caso de Javier Duarte, caso que ha sido comentado, como pocas veces, en los medios de comunicación nacionales e internacionales…y con razón. Se trata de un caso paradigmático que expone la corrupción imperante y los límites inconcebibles a los que puede llegar sin que pase nada… hasta que pasa algo por así convenir a las fuerzas políticas, en este caso específicamente al PRI, “nuestro” partido de larga y triste historia y tambaleante futuro.

Javier Duarte, electo gobernador de Veracruz en el 2010 hasta que se vio obligado a renunciar a su cargo por los atropellos cometidos.

Javier Duarte, estudiante y doctorado en universidades americanas de indudable prestigio.

Javier Duarte, apoyado en su campaña para gobernador por un priísta renombrado: Enrique Peña Nieto.

Javier Duarte, político de larga y sucia carrera atrapado en Guatemala por la justicia norteamricana, contando con la colaboración de la ¿justicia? mexicana.

Y mil anécdotas más sobre este peculiar personaje representativo de la cultura del robo y el despilfarro que ensucia a la política mexicana e indigna a los mexicanos. Pero sobre la cual la ¿justicia? mexicana ha hecho mucho menos de lo que debiera hacer. La impunidad es su bandera y la impunidad es la fuente de la corrupción, de esa espantosa corrupción que ensucia a nuestro país y que nos coloca, en esta materia, en el lugar 103 en el concierto de las naciones.

Son varios los gobernadores cuestionados recientemente por la ciudadanía. Buena señal, los ciudadanos, acompañados por su poderosa y moderna arma, el internet y en particular –para bien o para mal- los tweets, rompen las barreras en las que se escuda la impunidad, y denuncian lo que creen que deben denunciar y exigen a las autoridades lo que creen que deben exigir.

Javier Duarte, electo gobernador de Veracruz en 2010, formó parte del grupo de gobernadores –César Duarte de Chihuahua y Roberto Borge de Quintana Roo- a los que en el aquel entonces candidato presidencial Enrique Peña Nieto señaló como el nuevo rostro del Partido Revolucionario Institucional.

¡Qué vergüenza!

Pero estamos ya relativamente cerca de la elecciones presidenciales del 2018. Es el momento en que los ciudadanos debemos tomar un papel activo para exigir a los candidatos que definan su postura, claramente y sin ambigüedades, frente a la corrupción que nos azota. Los ciudadanos debemos dar seguimiento a las promesas y exigir, en su momento, su cabal cumplimiento. Sólo la presión ciudadana será capaza de abatir la corrupción imperante en nuestra sociedad, encabezada por la clase política. Llegó el momento de pasar de la queja y la inconformidad, a la exigencia de compromisos que se cumplan a satisfacción de una ciudadanía cada vez más exigente.

Mañana será otro día

El autor es presidente de Sociedad en Movimiento.

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