Opinión

Yellen anticipa una nueva fase de la liquidez global

Lilianne Pavón Cuellar*

Janet Yellen ha anunciado un nuevo descenso en la compra de activos de la Fed a partir de abril. También aclaró que dada la situación del mercado laboral, las tasas de interés se mantendrán bajas por algún tiempo, si bien éste será menor al originalmente previsto hasta finales del primer trimestre de 2015, y no por dos años más. Y para que no queden dudas, precisó que en adelante se tomarán como pautas otros indicadores, además del empleo. El “tapering” se encuentra ahora en piloto automático, siguiendo la expresión del HSBC.

Como Krugman señaló en su momento, la reacción de los mercados sugiere que estos esperaban que la Fed no alterara el rumbo de la política monetaria hasta que la economía lograra una tasa de desempleo similar a la de años previos a la crisis. Ésta, sin embargo, difícilmente se alcanzará aun con recuperación económica, ya que depende de elementos vinculados a la productividad y otros factores de oferta. Pero, sobre todo, porque la crisis ha sido un vehículo importante para reducir el poder sindical y flexibilizar al mercado de trabajo, logrando un adelgazamiento de la planta laboral a bajo costo que marca un cambio estructural en la intensidad de mano de obra utilizada en los procesos productivos. Lo que no anticipó el mercado es que la Fed asumiera esta realidad y anunciara el uso de referentes adicionales al empleo, para decidir el rumbo a seguir.

Desde la crisis subprime, este organismo ha llevado a cabo inyecciones sustanciales de dinero al sistema, seguido por bancos centrales de todo el mundo, a fin de estimular la actividad económica y evitar una deflación prolongada.

Las declaraciones de Yellen, si bien ponen en evidencia lo que el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por su siglas en inglés) llama el carácter acomodaticio de la liquidez global, también anticipan el inicio de un proceso gradual de normalización de la política monetaria, advierten que la era de dinero gratuito está próxima a concluir y con ello, anuncian el inevitable ajuste que implicará la vuelta a la neutralidad monetaria.

La mayor liquidez en el sistema financiero internacional se ha traducido en una mayor disponibilidad de crédito a bajo costo, lo que altera la percepción y actitud de toma de riesgo de los participantes del mercado. Como lo explica el BIS, los excesos de liquidez promueven una acumulación endógena de vulnerabilidades en la parte ascendente del ciclo financiero que pueden evidenciarse en la fase descendente, creando un efecto procíclico en la economía real. Asimismo, es innegable la creciente interconexión entre los sistemas monetarios, financieros y las economías de todo el mundo.

¿A qué vulnerabilidades nos referimos? Los actores del mercado saben que las inminentes acciones de los bancos centrales para reducir el tamaño de sus balances, no estará exenta de volatilidad: la mayor incertidumbre y los cambios en el apetito de riesgo promueven efectos gregarios y contagio. Asimismo, aun si la deuda pública y privada en economías industrializadas se ha estabilizado, el nivel de apalancamiento mundial es elevado y, en algunos casos, la calidad de la cartera de crédito se ha deteriorado. Finalmente, algunas naciones han experimentado una gradual apreciación de su moneda, resultado de diferenciales positivos de interés, y registran una revalorización de sus activos inmobiliarios o una acumulación de inversión de cartera en el mercado accionario y/o en el de dinero. Este capital foráneo, especulativo por naturaleza, seguramente será más volátil frente a los cambios por venir en las posiciones de grandes inversionistas institucionales.

Las medidas prudenciales que dicta esta nueva fase, según la literatura especializada, son las siguientes: a los bancos centrales se les sugiere la aplicación de una política monetaria neutral o incluso restrictiva, según el país o región económica. A los bancos comerciales se les incita a una mayor prudencia en el otorgamiento de crédito y a crear mayores provisiones para los distintos riesgos que deben enfrentar. Los gobiernos deben promover reformas estructurales, pero aquellas que realmente eleven la productividad y promuevan la actividad empresarial y la inversión, contando con un margen de maniobra para llevar a cabo políticas contracíclicas sin llevar la deuda a niveles insostenibles. Finalmente, las familias y empresas deberán asumir una actitud conservadora en su nivel de endeudamiento y su toma de riesgo, anticipar una mayor volatilidad de tasas de interés y tipos de cambio, así como fortalecer su situación financiera, si logran beneficiarse de la incipiente recuperación económica.

*Profesor investigador del CADEN, Universidad Anáhuac.

Correo: lpavon@anahuac.mx