Opinión

Yáñez Osuna, el socio y la mujer

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó en su periódico Reforma un fragmento del interrogatorio de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) con Amado Yáñez Osuna, dueño de Oceanografía.

Lectora, lector, resulta que apareció un socio malo y que Yáñez no sabía cómo se gestionaban los créditos ante Banamex. Anjá. Según la piadosa versión de Yáñez, su empresa pasaba por un mal momento, poca liquidez, nómina abultada, sin "feria" para la caja chica; en fon, ustedes saben.

Así andaba por la vida con su empresa en andrajos el pobre Yáñez cuando su amigo del alma Olivier Fernández le dijo: hermano, tengo a la persona ideal para levantar tu empresa, una fiera para los negocios. Así conoció Yáñez Osuna a Martín Díaz Álvarez a finales de 2009. Como no podía pagarle, Yáñez invitó a Díaz Álvarez a integrarse a Oceanografía con 15 por ciento de la propiedad de la empresa. Había nacido una sociedad a prueba de créditos bancarios. Mju. Álvarez le dijo a Yáñez: despreocúpate, hermano, yo gestiono el financiamiento para la empresa.

Buenos amigos

Dice Yáñez en su declaración que Álvarez tenía relación con importantes personajes de Banamex: Emilio Granja, José González y Gil Díaz, exsecretario de Hacienda de Fox, consejero del banco y tío del socio Díaz Álvarez. Gil caminó sobre la duela de cedro blanco y meditó: la cosa se pone interesante: un socio, unos amigos y un tío.

Su periódico Reforma abunda: Díaz Álvarez es primo político de Suárez Coppel, exdirector de Pemex y cuñado de Dionisio Pérez Jácome, representante de México ante la OCDE. Una coincidencia, pero como diría Capulina: a pa´ coincidencia. Caracho, a esto se le llama tener una red de influencias y no pedazos. Además, este señor Díaz Álvarez ha sido vinculado con las gasolineras y el Casino Big Bola que a su vez lavó en Caja Libertad y Big Bola dinero robado de la venta de hidrocarburos. A esto se le llama la telaraña de los millones. La sociedad y la amistad de Yáñez y Díaz ha terminado en el Bordo de Xochiaca; cierto, también empezó ahí para que más que la verdad.

Gil se hace unas bolas espantosas ante el laberinto de las empresas que bailan danzas árabes: GG Energy, sociedad anónima con la cual Díaz compró 15 por ciento de Oceanografía; Corporativo White & Case, que validaba la gestiones de Díaz ante Banamex; Libertad, Servicios Financieros, que supuestamente lavaba el dinero robado de la venta petrolera; Big Bola, y ya se le perdió a Gamés la punta de la madeja. Y luego tenemos los contratos de factoraje que ascendieron a 480 millones de dólares. Lectora, lector: Gil tampoco sabe qué rayos es el factoraje. Es más todavía lo ignora, pero si lo confiesa será el hazmerreír en las instalaciones de su periódico El Financiero.

Perdí la cabeza

El momento culminante del fragmento de la declaración de Yáñez Osuna en la SEIDO y que atrajo poderosamente la atención de Gamés (ya quedamos en que atención que no es atraída poderosamente no vale la pena) ocurrió cuando Amado se sintió desamado. Le preguntan a Yáñez la razón por la cual desconocía las operaciones financieras con Banamex y él responde: “Tuve problemas de índole personal, concretamente con mi esposa, los cuales, por su gravedad me alejaron de la administración financiera de la empresa pues no tenía cabeza para ello, ocupándome en las cuestiones técnicas y operativas de la empresa y en los dos equipos de futbol. Eso me distraía de mis problemas conyugales”. Haiga cosa compadre, puros problemas con las mujeres, no tienen llenadera.

Un poco raro este asunto, medita Gil: como Yáñez tenía problemas conyugales, se distraía también comprando un millón de dólares en relojes, otro millón en unos coches deportivos, otro tanto en un Mercedes. No es mala idea, cuando Gil tenga un problemón conyugal con la señora Gamesa va a salir como alma que lleva el diablo a comprarse unas cositas en almacenes de reputado prestigio. ¿Y cómo va de su corazón y de su alma, ingeniero Yáñez? ¿Se arreglaron sus tormentos? Al parecer el asunto conyugal no será durante un buen tiempo su mayor problema.

Gil s’en va