Opinión

Ya casi

   
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Hillary Clinton al terminar el debate. (Reuters)

Durante el año pasado, e incluso al inicio de este, las encuestas indicaban que Hillary Clinton no podría ganar a ningún candidato Republicano, con la única excepción de Donald Trump. Incluso se han revelado correos electrónicos de su equipo de apoyo en donde se instruye a promover entre los medios a Trump, para que fuese tomado en serio y pudiese alcanzar la candidatura de ese partido. Era la única posibilidad de Hillary, según las encuestas.

No podremos saber nunca si esas mediciones tenían razón, pero el hecho es que ahora la elección se dirime entre esos dos candidatos, los peores en toda la historia estadounidense, también según las encuestas. A pesar de que el sentido común indicaría que Hillary Clinton debería ganar sin dificultad, frente a un improvisado de la política, fanfarrón y agresivo como Trump, la verdad es que nunca ha estado claro que así vaya a ser. Donald Trump ha insultado a todos: a los mexicanos, a los afroamericanos, a los prisioneros de guerra lo mismo que a los héroes, a personas con discapacidad, a las mujeres. El video circulado el viernes pasado, sin embargo, parece haberse convertido en el punto de quiebre. En él, Trump festeja que “cuando uno es estrella, las mujeres te dejan hacer todo”, en términos soeces.

Muchos se han sorprendido que haya sido este video y no todos los insultos y agresiones pasados lo que ha cambiado el rumbo de la campaña, pero me parece que es algo perfectamente normal en las confusiones de las masas. Es como una burbuja financiera, que es una secuencia de errores cada vez mayores, de los que nadie se da cuenta, hasta que hay uno, el que sea, que de pronto hace regresar a la razón a todos, y la burbuja estalla. Eso mismo parece ocurrir aquí. No es que los demás insultos sean menores, que no lo son, sino que formaban parte de un proceso en el que las masas no percibían el contenido, sino sólo la forma: el líder agresivo, confiado en sí mismo, que puede llevar a su pueblo a la tierra prometida.

Afortunadamente, parece que esto ha terminado y estamos regresando a algo un poco más racional. El fin de semana la ventaja de Clinton creció a más de seis puntos, y en términos de probabilidad de triunfo (considerando la elección indirecta vía estados) se encuentra 80-20, más o menos. Por eso mismo, muchos esperaban que en el debate Clinton diera el golpe definitivo a Trump.

Pero eso no ocurrió. Una interpretación es que el sábado había ya una ola de republicanos exigiendo a Trump que renunciara a la candidatura, y derrotarlo el domingo hubiese incrementado esa presión. Si las encuestas del pasado eran correctas, cualquier otro candidato sería una amenaza mayor para Hillary, y por eso ella fue tan cautelosa durante todo el debate. La otra posibilidad es que simplemente Hillary no supo qué hacer, considerando sus dos grandes debilidades: el comportamiento misógino de su marido (que no es asunto de ella, pero sí lo son las acciones que tomó en el pasado para encubrirlo) y el tema de los correos electrónicos. Por eso no presionó más en la propia misoginia de Trump, y por eso el intercambio acerca de los correos llevó al debate a un pantano de aburrimiento.

Estamos a cuatro semanas de la elección. Todo indica que Trump será derrotado. El peso ha recuperado terreno frente al dólar de manera importante, y creo que lo seguirá haciendo. Pero yo no estaré tranquilo hasta ver el fin de la elección. Ya casi.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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