Opinión

Ya atoraron una reforma

 
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Gas

Puede ser bueno el negocio, pero no hay modo de que usted instale una planta y empiece a vender electricidad a una empresa. Así es, Fernando González, con Cemex Energía, no puede vender un nuevo proyecto, tampoco Gas Natural Fenosa. Ninguna compañía tiene manera.

Que no se enteren afuera de México. El gobierno atora todo el proceso porque no libera un elemento central: el costo de transporte de la energía.

Se llaman tarifas de porteo y usted tiene que pagarlas si quiere usar los cables o líneas de distribución de electricidad públicos ya instalados en carreteras y calles para llevar a su cliente la energía que usted produjo.

¿Su opción? Compre y conecte sus torres, postes y cables o instale la planta generadora de energía en el terreno del comprador.

Eso funciona si es una plantita como las que siempre han operado en el estacionamiento de un edificio en México, pero las que vendrían con la reforma necesitan al menos medio campo de futbol.

Quienes están en el negocio, como no queriendo, señalan una sola oficina: la Subsecretaría de Electricidad de la Sener, en donde manda César Hernández Ochoa.

¿Acaso el Gobierno quiere entorpecer las inversiones en energía? Improbable.

El país no crece como promete y requiere de inversiones pronto para no desesperar ahora a los empresarios nacionales.

Por eso también es mera coincidencia que Enrique Ochoa Reza, desde la CFE, bajó 16 por ciento en un año sus tarifas industriales y 9 por ciento las comerciales. Ahora sí se pudo.

Pero deben bajar más. Pregúntele a Raúl Millares, jefe del negocio de energía en Grupo Alfa, quien decía hace unos seis meses que ellos podían ofrecer precios 40 por ciento más bajos.

Así está el asunto: ya hay ley, ya hay reglamento. Lo que no hay es un datito atorado por mera burocracia. Pero así también se detiene una súper reforma.

Basura a la basura

Pudimos hacerlo. La basura de los habitantes del DF y los gases que ésta genera pudo servir para generar 60 megawatts por hora.

Pero Luz y Fuerza, que traía el proyecto, fue apagada por el Gobierno. Luego la licitación del GDF para usar el Bordo Poniente para ese fin se mandó al archivo por un asunto de origen de los recursos. Al parecer, no quiso el Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera comprometer las participaciones federales. Éstas pagarían la electricidad de largo plazo en la ciudad.

Hoy ya sólo queda, con suerte, para generar 20 megawatts, suficiente aún para iluminar un par de delegaciones.

Lo demás se fue como gas a quemar la capa de ozono, en lugar de generar energía limpia.

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Evidente: La Ciudad quiere su marca

Zócalo. La Ciudad de México no encuentra su vocación económica y no crece. Intenta que su herencia cultural recupere sus rasgos de identidad. Mientras, aumenta los puestos de trabajo del gobierno y el resultado entrega una creciente desigualdad, según México Cómo Vamos.

CD MX


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