Opinión

¿Y si les fallamos a los talentos innovadores?

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Capistrano

Mariana Martínez y Salvador Cortés Rocha, ambos estudiantes del Instituto Tecnológico de Celaya, con menos de 20 años, consiguieron obtener bioetanol de la celulosa que da forma a las salchichas y que permite su posterior proceso de cocimiento.

Ella trabaja para la empresa Capistrano que tiene una unidad productiva en Celaya, Guanajuato. Dice que es política de la empresa tratar de reciclar lo más posible de los desechos en sus procesos productivos y que cerca de 70 por ciento de sus desperdicios son sujetos de reciclaje, pero con el asunto de la celulosa que da forma a la salchicha, que permite su proceso de cocimiento y que posteriormente se tira, no habían sabido qué hacer excepto tratarlo como un desecho inservible. En un basurero esa celulosa plástica puede durar 400 años antes de que consiga biodegradarse.

Mariana pidió investigar qué pudiera hacerse con ese desperdicio que alcanza las 35 toneladas mensuales, según datos de los emprendedores.

El caso es que luego de un proceso de mucho estudio, dieron con un hongo que es capaz de romper la estructura molecular del plástico y que al hacerlo obtiene como resultante azúcares que posteriormente son procesados para la obtención de bioetanol, útil para diversos procesos de la empresa, entre ellos el poder conseguir que sus vehículos caminen con este combustible cuyo costo de producción, con el proceso conseguido por Mariana, es de escasos 4 pesos por litro.

Su plan de negocios que demuestra la viabilidad del proyecto habla de la obtención de 18 mil litros de bioetanol al año sin contar con la posibilidad de dar un uso a los hongos capaces de romper la estructura de ese celuloide. Los hongos, ya de tamaño adulto, estarían destinados a ser entregados gratuitamente a centros de atención a poblaciones vulnerables para su uso como alimento, esto como parte de su responsabilidad social.

El proyecto, para llevarlo al siguiente nivel de escalamiento, requeriría de una inversión de un millón de pesos y los muchachos buscan quién quisiera invertir en él. Tan solo un reactor en el que se obtiene un alcohol casi al 96 por ciento de pureza tiene un costo de 350 mil pesos.
Desde luego que la firma Capistrano tendría que recibir parte importante del beneficio y no creemos que para esa empresa un millón de pesos sería una cantidad imposible de considerar como parte de su inversión, pero bueno… No es papel de esta columna decidir quién sí y quién no hagan qué.

Finalmente si los muchachos estuvieron como uno de los casos más relevantes durante el “Quinto Día del Emprendedor” es porque requieren algún tipo de apoyo. Interesante el proyecto, comentábamos en la semana anterior con el agregado de preguntar qué sucederá si estos muchachos, cuando se enfrenten a la reacción de los intereses que afectarán, van a seguir siendo apoyados y cómo reaccionarán si, dado el caso, no es posible ayudarles hasta donde ellos creen que merecen ser apoyados.

El asunto no es menor si multiplicamos por “n” veces la cantidad de proyectos emprendedores innovadores que destapa una política promotora del emprendimiento y de la innovación para los cuales nunca habrá el dinero suficiente para destinarles soporte a todos en su trayecto de avance empresarial.

Hasta dónde, en qué casos, hasta con cuánto, son definiciones complejas en un país que requiere atender la demanda emprendedora de nuestra juventud, una juventud que tiene más ganas de no creer, que de hacerlo.

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