Opinión

¿Y qué es el sistema?

 
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corrupción

Las piezas del juego político se empiezan a acomodar. Seguiremos oyendo toda suerte de enredos, de especulaciones y de historias sobre los candidatos —aunque ahora son sólo precandidatos o aspirantes a precandidatos— que llevarán la discusión a que si el presidente se equivocó en algún discurso, si el precandidato compró un jardín, si el otro candidato considera en su proyecto de nación que las cosas pueden cambiar sólo con desearlo. Pero escucharemos aún más sobre el 'sistema'. Basta oír cualquier discurso de cualquier aspirante a algún cargo público, principalmente de partidos que no sean el PRI, para encontrar alguna referencia a la necesidad inminente de cambiar el 'sistema'.

No sé qué es el sistema. A veces creo que cuando se refieren a él, en realidad hablan del PRI, porque en otros partidos aplican las mismas fórmulas y estrategias que critican del partido del presidente. Critican la designación poco democrática —no la defiendo— del elegido como candidato, pero repiten la fórmula en sus propios partidos. Hablan de candidaturas ciudadanas, sin considerar que todos somos ciudadanos, incluyendo los políticos, y disfrazando la falta de afiliación política como ciudadanía. Los egos acaban ganándole al discurso. El paseíllo que dio ayer José Antonio Meade por las diferentes asociaciones y cámaras, pidiéndoles que lo “hagan suyo” (frase por demás extrañísima) es arcaico. No veo en las opciones actuales ninguna vía moderna, ningún candidato que rompa con esos rituales, no veo frescura por ningún lugar.

Quizás se refieren al 'sistema' económico que nos rige. Y confieso que aquí tampoco es claro cuál seguimos. Unos critican el modelo neoliberal argumentando que nos ha llevado a un crecimiento mediocre y a una distribución muy desigual del ingreso y de oportunidades; pero en realidad no creo que sigamos un modelo económico neoliberal. De entrada, el término ha tenido diferentes significados en el tiempo. A lo que hoy remite el término es a la libre operación de los mercados, con poca intervención gubernamental, con la consecuente privatización de empresas para que operen bajo las reglas de la oferta y la demanda. No creo que estemos ahí. El gobierno hoy en día interviene en muchos mercados con la idea, espero, de corregir las imperfecciones en los mismos, pero en muchos casos crea más distorsiones de las que pretende corregir. Un ejemplo pequeño, pero revelador, es un programa social que existe en Durango que le da a las quinceañeras el vestido para su fiesta. Así nuestra idea de desarrollo social.

Lo que es un hecho es que el país podría crecer más de lo que crece. El crecimiento promedio anual desde 1994 ha sido 2.5 por ciento, pero el promedio esconde los vaivenes. En este periodo hubo un máximo de 7.1 por ciento anual y un mínimo de -6.3 por ciento anual. El PIB per cápita lo ha hecho sólo al uno por ciento. La magnitud de estas subidas y bajadas no ayuda a la estabilidad del país. Siempre habrá baches en el camino, pero encontrar una senda de crecimiento sostenido debería ser prioritario. Vienen las campañas con toda intensidad y más pronto que tarde todos los candidatos prometerán un crecimiento de seis o siete por ciento. Se les olvida que el crecimiento no es una política económica. El crecimiento es resultado de una serie de políticas económicas, de una serie de decisiones de largo plazo, de decisiones fiscales, de gasto público, de inversión, pero sobre todo decisiones de cómo fomentar la creación de empresas y facilitar el ambiente para hacer negocios. No quiero que me prometan un crecimiento determinado. Lo que quiero es ver propuestas reales, sensatas y acordes a los tiempos que estamos viviendo que procuren que ese crecimiento se dé.

La corrupción, la violencia, la inseguridad inhiben la creación de empresas o hacen más cara e ineficiente su operación. Estos temas no se resolverán simplemente cambiando de 'sistema', se resolverán cuando se les haga frente y se tomen decisiones atreviéndose a tocar intereses y aunque suene extraño, atreviéndose a aplicar la ley. La corrupción no desaparecerá al hacer de la honestidad una 'inspiración' (tomado del Proyecto de Nación de Andrés Manuel López Obrador). La corrupción irá disminuyendo si aplicamos la ley y sancionamos, incluyendo desde el punto de vista social, a los corruptos.

El país tiene un enorme potencial. Tiene los recursos, tiene gente, tiene espacio para crecer. Pero no lo hará únicamente con discursos emotivos, ni cambiando un 'sistema' que ni siquiera sabemos describir. Hay infinidad de temas: desigualdad de oportunidades, de ingreso, baja productividad, pobreza, desarrollo urbano, conectividad. La lista es enorme. Ojalá no perdamos el tiempo hablando de 'sistemas' y nos enfoquemos en lo que realmente importa.

La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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