Opinión

¿Y para qué sirve el Plan?


 
 
Sería muy sano para el país de plano cancelar la obligación de publicar un Plan Nacional de Desarrollo (PND).
 
Ojalá que el actual gobierno considerara que una de las reformas estructurales que deben hacerse en México es la eliminación del obsoleto esquema de planeación económica que se definió en 1983.
 
Hagamos un poco de historia:
 
El sexenio de José López Portillo (JLP), terminado en 1982, se caracterizó por el desorden.
 
El sector público creció desmesuradamente y los recursos derivados del boom petrolero y de las deudas generaron ríos de dinero que se dilapidaron.
 
El sucesor de López Portillo en la Presidencia fue elegido, según el propio JLP contó en su libro Mis tiempos, por su vocación hacia el orden y el manejo prudente de las finanzas.
 
Miguel de la Madrid llegó al gabinete en 1978 como el tercer secretario de Programación y Presupuesto, tras las salidas de Carlos Tello y Ricardo García Sáinz.
 
Logró lo que ninguno de los 2 que lo antecedieron había conseguido: formular un plan nacional de desarrollo.
 
Cuando llega a la Presidencia, en lo primero que piensa es en evitar el caos, como el del gobierno de su antecesor.
 
Así que, apenas llegando al gobierno, introduce la iniciativa para crear el sistema nacional de planeación, que implicó reformas a los artículos 25, 26 y 73 de la Constitución, así como la promulgación de la Ley General de Planeación, que sustituyó a la de 1930.
 
A partir de entonces, cada gobierno está obligado a publicar, cada arranque de sexenio, el Plan Nacional de Desarrollo antes de que finalice mayo en su primer año de gobierno.
 
Y de todos los que se han publicado, no hay uno solo que haya trascendido... y creo que va a ser el caso también esta vez.
 
El problema no son los autores de los planes (bueno, algunos sí). Los de hoy son muy competentes. El tema es el marco normativo.
 
¿Sabe cuál es el verdadero Plan Nacional de Desarrollo de este sexenio? El discurso de Enrique Peña el 2 de diciembre.
 
Allí hay decisiones y lineamientos precisos de política en muchos ámbitos.
 
El documento formal que tiene que presentarse por ley tiene sólo generalidades.
 
Toda la estrategia económica del sexenio, denominada 'México próspero', se resume en 12 páginas.
 
Y, si por ejemplo, usted busca pistas de la reforma fiscal en el cuerpo del documento, en específico en la descripción de las líneas de acción, encuentra una redacción como la siguiente:
 
"Adecuar el marco legal en materia fiscal de manera eficiente y equitativa para que sirva como palanca del desarrollo."
 
No, pues con eso ya sabe uno por dónde va a venir una de las reformas más importantes de este sexenio. Cómo no.
 
Pero comprendo a los funcionarios de la Secretaría de Hacienda, no iban a abrir los detalles de una reforma que todavía están preparando.
 
En la generación de Miguel de la Madrid había la noción de que la planeación del desarrollo, conducida por un Estado rector, iba a ser la guía del desarrollo del país.
 
Todavía había ciertos resabios de la noción soviética que instauró los Planes Quinquenales y generó el desastre de la economía de Rusia y otro países.
 
Mire otro asunto que parece ridículo. Los planes sectoriales que le dan sustancia al PND se van a conocer ¡hasta el final de este año!, cuando el sexenio ya tenga 13 meses.
 
Ayer, después de la presentación del PND en Palacio Nacional, vi a varios funcionarios de Hacienda con cara de alivio. Salieron del compromiso (que exigió recursos y muchas horas) de sacar adelante el Plan. Ya lo pueden olvidar.
 
Ojalá hubiera la audacia para decir que el sistema que tenemos ya está obsoleto y que el país lo que requiere son directrices, como las que se dieron el 2 de diciembre.
 
Con ésas basta y sobra para conducir un desarrollo que no es del Estado, sino de la sociedad entera.
 
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enrique.quintana@elfinanciero.com.mx