Opinión

¿Y los islamistas en México?

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(Reuters)

Durante los últimos 10 días ha aparecido en diferentes medios estadounidenses y muy pocos mexicanos, un señalamiento acerca de la supuesta existencia de una célula del Estado Islámico (ISIS) en la frontera entre México y Estados Unidos.

La fuente es una organización conservadora norteamericana conocida como “Judicial Watch”, aparentemente especializada en denunciar casos o temas donde se atenta contra la ley o la seguridad nacional americana.

Ninguna otra fuente seria, gubernamental o privada en Estados Unidos o México ha confirmado el reporte de Judicial Watch. Por el contrario, la cancillería mexicana emitió un comunicado rechazando con firmeza la versión, al señalar que no existe ninguna evidencia de dichos grupos en territorio mexicano.

El propio departamento de Seguridad Interior (Homeland Security) desmintió la afirmación de que efectivos del Estado Islámico habían cruzado por la frontera con México y habían sido arrestados en territorio estadounidense, difundida en Fox News.

El senador Tom Fitton, presidente de Judicial Watch, un republicano conservador alarmista ha insistido en señalar que el Estado Islámico ha construido alianzas con los cárteles mexicanos del narcotráfico. Diferentes fuentes de analistas, investigadores y funcionarios estadounidenses le han respondido que sus señalamientos carecen de evidencias y de fundamento.

Esta corriente alarmista se inscribe en la dinámica electoral estadounidense. Cada vez que inicia una temporada electoral en los Estados Unidos, surgen desde sectores conservadores principalmente, señalamientos en torno a la seguridad nacional americana. Sucedió en 2004, cuando George Bush hijo concluyó su primer período presidencial con dos invasiones en curso (Irak y Afganistán) como terrible saldo del trágico ataque a las Torres Gemelas. Los republicanos se valieron del discurso del miedo y del terror como el principal argumento para mantener a Bush en la Casa Blanca, después de un gobierno gris, mediocre y desastroso para la economía americana. El discurso dio resultado y Bush triunfó sus segundas elecciones y se quedó 4 años más en la presidencia.

En las elecciones del 2008 en las que Barack Obama resultó electo en contra del senador McCain, se intentó nuevamente utilizar el discurso del miedo y del terror, pero resultó inferior al mensaje de renovación o reinvención del triunfador.

Hacia las elecciones presidenciales del 2016, aparecen ya esfuerzos para reprogramar el desgastado discurso del miedo y la amenaza a la seguridad nacional, como tema en la agenda electoral.

Los crímenes del Estado Islámico (ISIS) que cada día dejan sin palabras a medios y gobiernos, ciertamente contribuyen a esta paranoia del terror radical islámico en contra de Estados Unidos y su ciudadanía. Tan sólo ayer, distribuyeron sus acostumbrados videos de ejecución a grupos de “infieles” según su propio discurso. Esta vez fueron cristianos etíopes quienes fueron degollados y fusilados en dos grupos en distintas locaciones en Libia.

Es materia prima para el discurso militarista y conservador republicano, que utiliza estas conductas brutales y criminales para difundir temor entre la ciudadanía estadounidense y capitalizarla como discurso de campaña. Ha funcionado en el pasado y lo volverán a utilizar de aquí al 2016.

Estas acusaciones de radicales en la frontera mexicana, son el instrumento mediante el cual, estos grupos conservadores como Judicial Watch, difundirá versiones sin sustento ni evidencia probada, para sembrar la percepción de que su territorio está nuevamente bajo ataque radical islámico.

Será labor de la cancillería, como ya demostró con rapidez y eficiencia, desmentir y derribar estas versiones infundadas que pueden dañar a México, a su frontera, a la relación comercial de esa zona y a los millones de cruces diarios.

Será trabajo de la inteligencia norteamericana, asegurarse de que dichas organizaciones emiten tales afirmaciones sin pruebas ni sustento: esta vez señalaron que dos comunidades de Chihuahua, el municipio de Anapra –a las afueras de Ciudad Juárez- y Puerto Palomas –a 160 kilómetros de Juárez- eran enclaves yijadistas. No existe evidencia al respecto.

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