Opinión

¿Y los cómplices del crimen para cuándo?

11 marzo 2015 5:0
 
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La PGR realizó diversas pruebas para corroborar la identidad de Óscar Omar Treviño Morales, el Z-42. (PGR)

La aprehensión de Servando Martínez “La Tuta” y de Omar Treviño “El Z 42” son sin duda alguna una buena noticia para el gobierno que encabeza Enrique Peña Nieto, tan necesitado de reconquistar a la sociedad sobre todo después de los escándalos de conflicto de intereses que abarcaron a su familia y también a algunos de sus colaboradores. En este contexto, el Gobierno Federal es sensible al hecho de que la seguridad pública es uno de los reclamos más importantes de la población en un país en que la violencia se ha enseñoreado en latitudes diversas del territorio nacional. Y sin embargo, estas noticias por sí solas son incompletas, no bastan para que la gente se sienta satisfecha por las actuaciones de un gobierno que dice combatir a la delincuencia, siempre y cuando no se trate de descubrir a los cómplices dentro de las instituciones públicas que permitieron el crecimiento desmedido del crimen en México. Antiguamente bastaba con la aprehensión de los capos para “aparentar” que se luchaba contra el crimen organizado, mientras que se quedan a salvo y en la absoluta impunidad los verdaderos culpables de esta escalada de violencia en el país, pero hoy ya no lo es. Existe la percepción pública de que los grandes grupos de delincuencia no actuaban solos ni actuaban fuera de los gobiernos. Es inexplicable la displicencia de los encargados de seguridad pública en estados, municipios y en ocasiones también en representaciones del Gobierno Federal que permitió hacer de la violencia y el crimen organizado una forma de vida que aprendimos a tolerar y a vivir con ellos…por no tener de otra. Existe un sinnúmero de historias en que aquellos ciudadanos que tuvieron la valentía de denunciar extorsiones, levantones, secuestros, etc., o cualquier otro delito, se vieron en un estado de mayor riesgo dado que las autoridades están en una franca connivencia con los delincuentes y deciden proteger a éstos antes que proteger a los ciudadanos. El problema es que la detención de criminales sin que se rompan sus redes de complicidad gubernamental, aporta muy poco para la solución real y definitiva del problema. Como en todo, los vacíos se llenan y al quedar vacantes los liderazgos de los grupos delincuenciales, es de esperarse que –como siempre pasa- su lugar sea tomado por nuevas cabezas que buscarán continuar con las complicidades institucionales que han permitido a sus organizaciones convertirse en los verdaderos dueños de partes del territorio nacional. Es increíble para el ciudadano común y corriente que no existan –salvo el caso de Michoacán- mandos importantes de gobierno rindiendo cuentas por su complicidad o en el mejor de los casos, por su franca incompetencia. Tamaulipas es un caso de terror en que se va desde la lucha por territorios disputados a la PGR hasta las masacres de migrantes. Y en ese estado, no hay nadie que esté rindiendo cuentas de parte de los gobiernos municipales, estatales o federal. No se trata de una cuestión partidista, sino de una cuestión de integridad, seguridad nacional y estado de derecho. México no puede darse el lujo de continuar “haciendo como que combate” al crimen organizado, mientras deja impunes las redes de corrupción hacia el interior de los gobiernos que permiten –por identidad de intereses con el crimen- que los grandes grupos delincuenciales establezcan su mando y poder. ¿De verdad en Tamaulipas no ha habido complicidad de altos funcionarios con el crimen? ¿tampoco en Veracruz, Guerrero, Chihuahua y Sinaloa? Parece ser una verdad evidente que nadie quiere ver, por temor o por confort, pero en tanto sigan existiendo las instituciones de gobierno ligadas al crimen, éste seguirá siendo solapado y fortalecido, aunque agarren a sus líderes formales. Urge una depuración y juicios que sancionen a estos funcionarios que, sin duda, han traicionado a sus conciudadano y por ello, merecen una pena ejemplar. De lo contrario, estas acciones contra el crimen quedarán sólo para el récord, pero no servirán de nada.

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