Opinión

…y las hienas salivaron con la sangre de Korenfeld y Aguirre

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Francisco Aguirre

La semana pasada un directivo de uno de los bancos más importantes del país me confesó en privado que él también ha usado el helicóptero de su compañía por conveniencia. No me dijo si se llevó a su familia de vacaciones, pero sí porque le ahorraba tiempo. Coincidió con mi punto en relación a que David Korenfeld no debió irse de Conagua. Simple y llanamente debió reparar el daño conforme marca la ley y listo.

Pero ese caso, el de Korenfeld, y luego el viernes el del impago de los tres mil 58 millones de Grupo Radio Centro de Francisco Aguirre por la cadena de TV abierta digital que anhelaba, lo único que hicieron fue exhibir a las hienas que buscan fieramente la sangre candente de cualquiera que falle un poco, equivoque el tino o fracase. Bienvenidos al México de la cubeta de los cangrejos.

El caso de Francisco Aguirre es doloroso: se le tachó de blofero, fanfarrón, de soberbio. Se refirieron sus adeudos como un impedimento para que siquiera pensara en buscar la TV. También se le denostaba por la adquisición reciente de la tenencia accionaria de sus hermanos en su grupo de radio. Gozaban mucho quienes descalificaban a Pancho y llenaban su boca de calificativos que sólo podría emitir un profesional en psiquiatría. Altivas, las hienas cortaron su tarde de viernes para reventarle en las redes sociales y dar su veredicto: ya ven, teníamos razón: Pancho no iba a pagar. Hubo hasta quien apostó dinero, comidas…

¿En qué país estamos? ¿Es esta la tierra en la que fallar se castiga con la guillotina? ¿Qué le vamos a enseñar a nuestros niños? ¿Les diremos que la exquisitez moral la hemos perfeccionado en Twitter, en Facebook; que ésta es norma suprema sobre la ley y que se cuiden? ¿Les entrenaremos a morder más fuerte para lastimar de regreso cuando les toque ser mordidos?

Urge que los mexicanos utilicemos parámetros objetivos para emitir juicios. En este contexto la labor del “editor” en los medios se volverá cada vez más exigente, porque las redes sociales y su implícito anonimato han empezado a descarrilar los parámetros bajo los que se construye el diálogo y el debate en periódicos, estaciones de radio y televisión. Con la libertad de expresión que cotidianamente busca sangre está ocurriendo lo que con las marchas de los encapuchados que destrozan comercios, con la diferencia de que en estas últimas los manifestantes son contenidos o encapusulados por la policía, mientras que a las hienas verbales nadie las contiene.

Que David Korenfeld cumpla con la ley, sí; y que Pancho y su Grupo Radio Centro encuentren su mejor camino financiero y estratégico. Pero admitamos que su sangre, esa con la que salivaron las hienas la semana pasada, en realidad no le sirvió a nadie.

Twitter: @SOYCarlosMota

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