Opinión

¿Y la reforma a la UNAM, doctor Graue?

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Enrique Luis Graue. (ilustración)

Si alguien piensa que los nidos de radicales que se han apropiado de espacios físicos de la UNAM, que le pertenecen a toda la comunidad universitaria, van a ser desalojados por la nueva administración en esa casa de estudios, olvídenlo, no se hagan ilusiones.

Enrique Luis Graue le debe la rectoría a esos grupos de ultras que ni alumnos son, porque gracias a sus amenazas fue electo como “el mal menor” para la UNAM. El “mal mayor” era que los porros repitieran el escenario de 1999.

Cuando todo estaba encaminado para que el rector fuera el doctor en ingeniería Sergio Alcocer, surgieron las amenazas de que la UNAM sería tomada desde seis flancos por sendos grupos radicales.

No hubo firmeza para enfrentar la amenaza ultra y se cedió a la presión de los grupos que tienen acosada a la UNAM desde hace años, sin que nadie intente recuperar los espacios que usurpan.

Iban a tomar Rectoría si el elegido era Sergio Alcocer, y la opción fue poner en ese importantísimo cargo al ameritado oftalmólogo Enrique Luis Graue, a fin de evitar sobresaltos políticos.

Hubo importantes exfuncionarios de la UNAM, como Javier Jiménez Espriú –famoso por manejar porros cuando dirigió la Facultad de Ingeniería– que no querían que llegara Alcocer. Y decir Jiménez Espriú es decir Morena, que tiene fuerza en la universidad.

Si el elegido era Alcocer, vendría el caos en la Universidad, amenazaron. Y ganaron.

¿Graue va a devolver a la Universidad el auditorio Justo Sierra, de Filosofía y Letras, rebautizado como Che Guevara? ¿Va a rescatar los salones tomados por grupos ligados a la guerrilla?

Claro que no. Ahí está la clientela que lo llevó a la rectoría de nuestra máxima casa de estudios, que por cierto acaba de recibir el presupuesto más alto de su historia, que se paga con los impuestos de todos los mexicanos (que pagamos impuestos, claro está).

Más allá de cómo llegó Graue a la rectoría, está el hecho de que la UNAM necesita ser reformada para volver a ser lo que era: una palanca de movilidad social en el país, pues ya no lo es.

¿Dónde está la reforma de Graue para que los egresados de la UNAM sean más competitivos en el mercado laboral?

Hasta ahora, del nuevo rector sólo hemos oído críticas fáciles a la reforma educativa emprendida a nivel federal, a la que minimizó con displicencia.

Graue opina que está por verse si habrá “una verdadera reforma educativa” porque la actual sólo es “un cambio en la evaluación y contratación de profesores”.

¿Le parece poco que los que quieran una plaza hagan un examen para acreditar sus conocimientos?

¿Es asunto menor que los ascensos en el personal docente en las escuelas ya no se dé por actividades sindicales (bloqueos, plantones e incendios de edificios púbicos), sino por méritos académicos?

¿No es importante que las plazas ya no se puedan heredar o vender?

Allá Graue si minimiza el esfuerzo que implica la reforma educativa, pero debería presentar su proyecto de reforma para mejorar la calidad académica de la UNAM, que la ha perdido en importantes áreas del conocimiento.

Twitter: @PabloHiriart

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