Opinión

Y eso que sólo es un tremor


 
Se desató el nerviosismo. Los dichos de Mr. Bernanke detonaron la ansiedad y el mundo financiero tuvo ayer uno de sus días más críticos del último año.
 
Sólo como ejemplo, en las pizarras que ponen las sucursales bancarias se leían ayer cotizaciones de 13.55 y 13.60 por dólar, algo que no habíamos visto desde mediados del año pasado.
 
Pero también para las empresas que hacen transacciones importantes, el dólar interbancario cerró en 13.41 aunque después del cierre bajó levemente.
 
Los bonos del Tesoro de los Estados Unidos a 10 años aumentaron sus tasas, hasta 2.42%, el máximo nivel de los últimos 22 meses.
 
Las bolsas, todas, se desplomaron. En México, el principal índice cayó en 3.9% y en Nueva York, el retroceso del Dow Jones fue del 2.3%.
 
Este panorama deriva simplemente de una combinación de certeza e incertidumbre. La certeza de que en algún momento de los próximos meses dejará de inyectarse liquidez a los mercados, como ha sucedido hasta ahora, y la incertidumbre de cuándo ocurrirá; cómo se anunciará y hará efectiva, y cuánto se recortará.
 
En el fondo de todo, lo que tenemos frente a nosotros son los primeros síntomas de un nuevo torbellino financiero que inevitablemente nos va a pegar.
 
Le he comentado en otras ocasiones que nunca en la historia económica documentada ocurrió una inyección de liquidez como la que hemos visto en los últimos años. Y que esa inyección previno que tuviéramos una recesión prolongada tras la crisis financiera de 2008.
 
Sin embargo, no se sabe bien a bien lo que va a suceder cuando se retire la liquidez, porque no hay experiencias previas, por lo menos en la escala y extensión que hoy sucede.
 
Lo que puede anticiparse, por jornadas financieras como la de ayer, es que no va a ser un proceso suave, sino probablemente muy accidentado y lleno de inestabilidad.
 
Hace días le exprese que no sería raro ver episodios en los que el dólar se fuera por arriba de los 15 pesos… y tras lo ocurrido ayer, ese nivel ya no se ve tan lejano.
 
Pero, tal vez lo que veamos es que en el curso de la siguiente semana se regresa a la estabilidad y el precio de la divisa estadounidense baja, solo para esperar algún otro momento en el que vuelva a desatarse la ansiedad y de nueva cuenta el precio del dólar se vaya para arriba.
 
Lo que es un hecho es que el tono del mercado internacional ya cambió. El “fly to quality” ya es un hecho. Algunas estimaciones cifran en 19,000 millones de dólares los recursos que han salido de los principales mercados emergentes hacia Estados Unidos en las últimas dos o tres semanas.
 
Y, lo peor es que también se señala que estos son sólo los tremores del gran terremoto.
 
¿Qué podemos hacer en México para salir menos dañados por esta circunstancia?
 
Lo que en buena medida ya se hizo: tener solidez en las variables financieras y fiscales.
 
Bajo el entendido de que no vamos a estar exentos de sufrir como en todo el mundo emergente, podemos quizás salir bien parados de la tormenta, con la combinación de 3 hechos:
 
 
1- Aprovechar el mayor impulso que va a tener la economía de Estados Unidos;
2- Mantener la solidez financiera y fiscal;
3- Acelerar el proceso de reformas estructurales que se esperan en el segundo semestre del año.
 
 
En términos individuales, como siempre cuando hay este tipo de tormentas, más nos vale estar serenos y no correr, ni a vender acciones ni a cambiar pesos por dólares.
 
Y, también mantener equilibrios en nuestras finanzas personales o corporativas. Más vale –de ser el caso- moderar el gasto o la inversión si éstos se realizan a través de la contratación de deudas.
 
Al final, con todo y los vaivenes, creo que México va a quedar mejor parado.
 
 
Twitter: @E_Q_