Opinión

¿Y el Programa Nacional de Franquicias? Parte II de II

Como plausible constancia de la ineficacia del Programa Nacional de Franquicias, revisando únicamente la información disponible, correspondiente a los años 2009 a 2012, concluimos que de las 840 marcas que fueron desarrolladas al amparo del programa, únicamente 42 otorgaron franquicias que siguen a la fecha operando, esto es, apenas un 5% del total; este porcentaje, además, hay que matizarlo porque algunas de las marcas que operan no alcanzaron, ni de cerca, el objetivo de número de unidades que se planteaba en su plan de negocios.

Resulta sorprendente que en el listado de empresas beneficiarias del programa aparezcan lo mismo marcas tan conocidas como “Interlingua”, como otras completamente desconocidas. Hay que recordar que para ser elegible a los beneficios del programa, las empresas debían demostrar contar con al menos 2 sucursales establecidas; esa condición, sin embargo, muchas de las empresas lo acreditaron con fotografías o meras declaraciones sobre su existencia. Llama la atención que al revisar los sitios de internet de muchas de las firmas que calificaron demostrando cumplir este requisito, a la fecha no mencionen la existencia de sucursales.

Mi primera conclusión sobre el Programa Nacional de Franquicias, a la luz de estos antecedentes, es que la información alrededor del mismo es opaca y disgregada; no existen ya responsables de su seguimiento, de los créditos otorgados ni de los puntos de venta abiertos al amparo del mismo. Es como si, a la llegada de los priístas a la Secretaría de Economía en el 2013, hubiesen dado firme carpetazo al asunto, eliminando todo rastro de seguimiento de lo que ahí aconteció. El hecho de que el Programa haya sido un rotundo fracaso, no justifica en forma alguna renunciar a medir los resultados para poder evitar incurrir en los mismos errores, e identificar, si es que existen, puntos rescatables que puedan ser emulados en el futuro. Nada, sencillamente, nulos criterios de medición y políticas de seguimiento.

No poseo información para realizar acusaciones sobre el manejo de los fondos que “pasaron” por el programa, pero lo que si tenemos es evidencia dura de sus pésimos resultados, al forzar las bisagras de un negocio que tiene que funcionar bajo las bases simples de las fuerzas del mercado. Ni se puede incrementar artificialmente la demanda por franquicias, ni se puede llevar a empresas inmaduras o que carecen de la vocación de franquiciar a convertirse en franquicias.

Esas malas decisiones distorsionaron un sector que en México había venido creciendo de manera sana, y que por los subsidios y fuerzas ocultas de un Programa de este tipo sufrió una alteración artificial que ha afectado su consolidación. Muchas empresas que tendrían la vocación y estructura para franquiciar, hoy siguen esperando a que “una autoridad” les pague el desarrollo de la franquicia. Los propios consultores, proactivos y eficientes en el pasado, han sufrido la consecuencia de una política asistencialista.

¿Deberíamos aplicar la tradicional medicina del “borrón y cuenta nueva”? O en cambio, deberíamos exigir un ejercicio completo de análisis que implique rendición de cuentas, como parámetro mínimo de cierre de un proyecto tan aclamado en su momento.