Opinión

¿Y el Programa Nacional de Franquicias? Parte I de II

A dos años de distancia de la terminación del Programa Nacional de Franquicias, resulta interesante hacer una revisión de sus resultados y alcances, particularmente por los efectos de mediano y largo plazo que el mismo perseguía.

El llamado “Programa Nacional de Franquicias”, operado en los 6 años del sexenio calderonista, tuvo como pretensión básica el desarrollo de múltiples modelos de franquicia de empresas exitosas, para ponerlos al alcance de nuevos emprendedores. Para facilitar este gran objetivo, se idearon mecanismos para financiar a fondo perdido los pagos a los consultores desarrolladores de franquicias, así como para otorgar préstamos “blandos” a los compradores de franquicias. Las estimaciones de la Secretaría de Economía especulaban con crear un millón de empleos en ese periodo.

Se entiende que para conocer los resultados de cualquier programa oficial, se impone revisar la información existente sobre sus números totales, a fin de establecer las posibilidades de su conservación. Un primer punto que llama poderosamente la atención es la dificultad, casi insuperable, para obtener datos sobre un Programa, que en principio debería estar completa, organizada y disponible para análisis de cualquier interesado. En cambio, es necesario emplear meses y meses para que, vía el IFAI y a cuentagotas, se pueda “destilar” cierta información fraccional, para lentamente ir armando el rompecabezas.

Con la mayor displicencia el Instituto del Emprendedor, continuador de la subsecretaría de la Pequeña y Mediana Empresa, niega toda información de los años 2006 a 2009, cual si el Programa no hubiese existido en esos años. No hay rastro, por lo cual, si se otorgaron créditos o subsidios, nadie los está recuperando.

En cuanto a los resultados del Programa, no podrían ser más desalentadores. Si revisamos casos específicos de empresas que recibieron subsidios y apoyos por más de un millón de pesos para el desarrollo de su franquicia, y que luego vendieron unidades a presuntos compradores, resultaría que la empresa ingresó más de 3 millones a su cuenta, el consultor cobró 250 mil pesos por el desarrollo, y a la fecha no existe operando ninguna de las unidades financiadas por fondos oficiales. De hecho, existen varios casos en los que tales unidades ni siquiera abrieron las puertas. Un ejercicio mínimo de transparencia debería consistir, como en muchos países, en la obligación del gobierno de publicar un documento de conclusiones sobre los resultados de toda clase de programas oficiales.

Según el Programa, se crearon al amparo del mismo 800 nuevas ofertas de franquicia, que debían impulsar el sector y crear el millón de nuevos empleos que anunciaban. De ese número de “nuevos desarrollos”, según el levantamiento que es posible realizar a partir de los escasos datos que la Secretaría de Economía reporta, no hay siquiera un 5%, esto es, 40 franquicias del Programa operando como tales. ¿Es una justificación argumentar que precisamente por esos pésimos resultados el Programa perdió continuidad y supervisión?