Opinión

Y despertó el dinosaurio

 
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Después de la enorme y vistosa movilización que con motivo de su XXII Asamblea Nacional realizaron los cuadros dirigentes del priismo, la incógnita en estos momentos es si ese despliegue y los acuerdos alcanzados le permitirán al PRI recuperar la credibilidad y confianza perdidas en los últimos años.

A lo largo y ancho del país el tricolor mostró el músculo político y con creces; al menos por el momento, ahuyentó cualquier mensaje o signo de división.

Fueron varias semanas de reclamos y debates, de críticas pero también de propuestas, donde cerca de 300 mil priistas participaron para atender el llamado de su dirigencia e impulsar la renovación y actualización de sus estatutos y documentos básicos.

El resultado ha sido alentador para el partido en el gobierno, algunos cuadros proponían adelantar el proceso de nominación de su candidato presidencial y mantener los candados que impedían la participación en ese proceso a cuadros adherentes o simpatizantes, y a los priistas, reunir como mínimo 10 años de militancia.

Al final, los nuevos estatutos pasaron de 228 artículos a 253, más cuatro transitorios, ahí los asambleístas habían votado a favor de un partido incluyente, responsable, moderno, con rendición de cuentas y de participación plural, y así –en unidad– el priismo vio despertar al dinosaurio que llevan dentro.

El PRI se abrió a simpatizantes para recibir al mejor candidato o candidata que pueda abanderar su causa en la elección presidencial de 2018. Ya tienen las bases de lo que se requiere para enfrentar los retos del futuro, ahora falta el método y el hombre.

El PRI también puso un candado contra los denominados legisladores 'chapulines', el cual prohíbe la postulación consecutiva por la vía plurinominal; acordó elevar al nivel de sus estatutos el castigo para sus militantes que asuman posiciones prepotentes, soberbias o discriminen, porque su obligación será atender de manera prioritaria a la población y a sus compañeros de partido; otro acierto fue aprobar la asignación del 30 por ciento de candidaturas para jóvenes.

Otros puntos del dictamen, aprobado por unanimidad, lo constituyó la propuesta de eliminación de la figura del fuero a representantes populares y servidores públicos; combatir la corrupción y la inseguridad; trabajar para terminar con el hambre y desaparecer la pobreza extrema.

Son muchos acuerdos que hablan de cambio y transformación; sin embargo, eso no parece ser suficiente para contrarrestar el descrédito y desconfianza que existe entre la ciudadanía.

Eso ayuda, pero en esencia se requerirá de un nuevo modelo de comunicación y esfuerzo descomunal que revierta la percepción negativa, donde la mercadotecnia política y uso de las redes sociales serán fundamentales como estrategia. Y en este caso no hay que ser expertos para señalar que en materia de comunicación el fracaso del gobierno de la República y del propio PRI es notable.

Cómo explicar que el primer priista del país ha sido el principal impulsor para meter a la cárcel a los exgobernadores corruptos de su propio partido y la sociedad se lo reconozca, o cómo destacar que ha sido el presidente que más ha combatido a la corrupción en las entidades del país y cómo hacer que, en medio de acciones tan exitosas, los yerros de sus colaboradores –como el de Gerardo Ruiz Esparza– no sepulten esos esfuerzos que se hacen y se ponga en su justa dimensión al gobierno de Peña Nieto. ¿Cómo? Ese es el reto de la comunicación de Peña.

En fin, a once meses de las elecciones presidenciales, el PRI está ubicado en zona de debacle electoral y en total riesgo de perder la presidencia de la República. El proceso democrático, de apertura y transparencia que intentó el tricolor en su XXII Asamblea fue loable, pero eso no es suficiente, al menos no como para creer que se trate de un nuevo dinosaurio. 

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