Opinión

Y como dijo López Portillo: No volverán a saquearnos, sólo que al revés

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[Jesús Murillo Karam. Foto: Eladio Ortiz]  EN VIVO: Desde el Bloomberg Mexico Economic Summit. 

Catedrático de la Facultad de Economía – UNAM

La sociedad y la economía Mexicana han venido padeciendo desde septiembre pasado una serie de descalabros cuyo fin todavía está, parece, lejos de tocar fin y de tomar una trayectoria diferente. Me refiero a que desde la desaparición, probable asesinato de los estudiantes de Ayotzinapa, se han seguido tropiezos en lo diplomático, en lo legal y en lo económico cuyo resultado neto es una sociedad y una economía, ya no digamos en crisis, porque éstas pueden ser pasajeras y superables, sino resquebrajada, que necesita otro barco para navegar mejor. Y a qué nos referimos.

Todo lo ocurrido no son hechos aislados que como sugeriría algún connotado economista, necesitan de soluciones casuísticas. México no encaja en ese entendimiento. México necesita una compostura general porque el modelo actual es coherente para incurrir en estas crisis de las cuales “emerge” gracias a la incapacidad de la sociedad y otros partidos de cambiar el estatus quo y gracias, también, a la fuerza que tienen los que gobiernan, desde que cuentan con recursos para maniobrar hasta la alianza estratégica que tienen con los medios masivos de comunicación, para los cuales o no hay crisis o se benefician de ellas.

El sistema judicial no es fallido porque haya ausencia de leyes, principalmente. Es porque existe la capacidad del gobierno de pervertirlas, manejarlas a su acomodo y burlarse de la sociedad. La verdad histórica así llamada por las leyes y declarada por el procurador es un acto no sólo de burla sino, principalmente, de cinismo político e insensibilidad cuando la sociedad, en múltiples, y en ocasiones, en multitudinarias manifestaciones, les ha dicho que desconfían de ellos. Es una suerte de terquedad enseñada en escuelas políticas en donde el autoritarismo y háganle como quieran, yo tengo el poder y estoy cansado, privan.

Pero lo político está concatenado con lo económico. El recorte anunciado al gasto público, que muy probablemente no sea el único ni el último, es resultado de una apuesta jurídico-económica y financiera que, sin juzgar, los hechos muestran sus resultados. El entendimiento fue: hagamos las reformas así llamadas estructurales y tan creídas desde adentro del gobierno y desde afuera, en otros de tipo multilateral (OCDE). Las reformas, sobre todo la energética, se han ido por caño. En el contexto de precios petroleros a la baja, y que no se recuperarán pronto, tal vez por años, quién va a querer hacer inversiones cuantiosas para extraer el Tesoro Escondido en aguas profundas cuyos costos son altísimos. Por supuesto la excusa es que nunca pensaron que eso sucedería a pesar que era sabido, o rumor grande, que los Estados Unidos estaban en proceso de convertirse en un exportador importante de petróleo y los efectos que eso tendría sobre la oferta mundial y, por lo tanto, sobre los precios. Uno ya no sabe si son tontos, se hacen o ambos. Malos economistas y estrategas. Las propuestas alternativas, me refiero sobre todo a la formulada por Cuauhtémoc Cárdenas, fueron consideradas banales y equivocadas. Y lo más contradictorio de todo es que a pesar que la economía norteamericana está creciendo, a la cual, como sabemos, nuestro ciclo de negocios está muy acompasado como resultado del TLCAN, aun así México tiene que aceptar, y cuando digo México es un eufemismo, es su población y la más vulnerable, tiene que aceptar que creceremos poco y seguramente mal porque el poco dinero que haya en el presupuesto será malgastado o robado.

Esta mala estrategia económica está ligada al mal diseño económico y pero aún en un país con décadas de desigualdad, injusticias, repleto de pobreza y ahora hasta de criminales. Y lo político lo complementa. Una sociedad que sufre en lo económico por razones complejas debería tener, como mínimo, gobernantes que ejerzan el poder con limpieza y claridad. En México, ambas cosas están ausentes. Por el contrario se combinan políticos corruptos que, gobiernan mal y adoptan decisiones económicas erradas y sesgadas.

Sin duda México es un caso integral malhecho con resultados perniciosos para muchos pero no para un puñado que son inelásticos a las crisis. Los del décimo decil, ocurra lo que ocurra, no experimentan restricciones en sus presupuestos. Ahora, otra vez, las circunstancias, como dice Stiglitz, son “man made”, en este caso para México, porque quienes si nos roban, aunque hace décadas prometieron que nunca ,más ocurriría. Ocurrió y seguirá hasta que un día, en verdad, la sociedad, como alguien reclamó, exijan su renuncia y a lo mejor tengan buenos sustitutos. En verdad que los ciudadanos vivimos la tragedia de los comunes. Como no logramos acuerdos colectivos, los individuos, o los que dicen representarnos, nos están destruyendo, nos siguen saqueando.

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