Opinión

XXII Asamblea del PRI, derivaciones

  
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Asamblea Nacional del PRI (Magali Juárez)

La tan cacareada rebelión de un sector de los priistas no ocurrió. Vaya, no hubo siquiera conatos o enfrentamientos abiertos. Todo fue puro humo. Incluyendo, por supuesto, el rumor que señalaba a Beltrones como la figura tras bambalinas que dirigía a los insurrectos.

La realidad es otra. El presidente Peña Nieto, a través de Enrique Ochoa, mantiene el control total del partido. Por eso la iniciativa de eliminar el último candado y abrir la candidatura a la presidencia de la República a los simpatizantes pasó en perfecto orden y concierto.

El riesgo de un enfrentamiento o cisma ha quedado cancelado, si es que alguna vez existió. Como simple contraste, baste recordar las protestas y ruptura de Cárdenas y Muñoz Ledo en 1987-88. Por lo tanto, no hay necesidad alguna de que Peña Nieto module su prerrogativa de elegir a su heredero.

Los tiempos y los movimientos ya están anunciados y será, como precisó Claudia Ruiz Massieu, en noviembre cuando haya humo blanco. El método que se elija para envolver el destape será irrelevante. Para esas artes, los priistas se pintan solos.

Nada de esto debe extrañar. La presidencia de Peña Nieto se edificó sobre la vieja disciplina priista, al punto de acompañarla de algo más que intentonas de restaurar, hacia afuera, viejas prácticas autoritarias y de cooptación –particularmente con la prensa y los medios.

El PRI del siglo XXI sigue siendo en esencia el PRI del siglo XX. Origen es destino. Nació como partido del Estado, se convirtió en el partido del presidente, pasó y 'superó' la orfandad que trajo consigo la alternancia, y allí está como siempre. O, para decirlo una vez más con Monterroso: nos despertamos y el dinosaurio seguía allí.

El futuro inmediato y mediato entraña, por lo mismo, signos ominosos. La elección del Estado de México fue experimento y proyecto: preservar el poder a toda costa. La suma de la oposición dividida más todo el peso del gobierno federal a favor del candidato oficial es algo más que una posibilidad, es una estrategia para conservar la presidencia.

Por otra parte, los priistas que apostaron a un PRI renovado y cualitativamente distinto se equivocaron por partida doble: primero, porque no tenían la capacidad para doblegar al presidente; segundo, porque recuperar la ideología y los principios es un sinsentido. Históricamente cada presidente de la República le ha puesto su impronta al partido y así seguirá siendo.

La XXII Asamblea también ha dejado claras las coordenadas del presidente Peña para elegir a su delfín: a) será alguien de su círculo más cercano; b) que esté comprometido con las reformas y sea eficaz; c) que le cuide las espaldas; y d) que tenga, a su juicio, mayores posibilidades de ganar.

Pero hay puntos adicionales: la preservación de la unidad del PRI no es un criterio, porque no está en riesgo. La ascendencia de Luis Videgaray sobre Peña Nieto sigue siendo enorme; de forma tal, que si no es él (y no se le debe descartar sino hasta el último momento), sus cercanos tienen altas probabilidades. Por último, la economía va mucho mejor que la seguridad y la contención de la violencia.

Estas coordenadas permiten evaluar a los postulantes que se siguen mencionando: Beltrones queda fuera porque no es del primer círculo y no hay que atender el riesgo de ruptura. Eruviel Ávila tampoco es del primer círculo y no logró crecer. Osorio sí es del primer círculo, pero su desempeño fue malo y no se trata de elegir al más popular entre los priistas. Narro no pertenece al primer círculo y es de otra generación. Enrique de la Madrid no es del círculo más cercano y es el hombre en la banca que sería llamado en una situación ultraextraordinaria. Luis Videgaray (LV) es el alter ego de Peña y el candidato natural, aunque enfrenta todos sus errores.

Así que si LV queda fuera, porque él mismo lo decida, como ocurrió con su renuncia a la Secretaría de Hacienda, la baraja se reduce a dos: José Antonio Meade y Aurelio Nuño. El segundo es, sin duda, más cercano al presidente. Y el primero sería un candidato de mayor apertura por su no filiación partidista.

El destape, pues, ha entrado en la recta final. El gran elector tiene la palabra. Imposible adelantar vísperas.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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