Opinión

Whitey Bulger, uno de los soplones de la FBI


 
 
Pues resulta que en el inagotable mundo del espionaje estadounidense una de sus prácticas más célebres —y quizá menos eficaces, a juzgar por la experiencia que tuvimos en México con los 'testigos protegidos' del calderonismo—, ha empezado a ser expuesta y cuestionada, gracias al revuelo que provocaron las filtraciones de Edward Snowden.
 
 
Esta vez, correspondió a USA Today destacar que en un sólo año, 2011, la FBI permitió a su vasta red de informantes cometer delitos que fueron desde la venta de drogas hasta la organización de asaltos en al menos 5,658 casos, lo que equivale a 15 ilícitos por día en promedio, a fin de obtener los datos y pruebas que la agencia requería. Qué tanto funcionó la táctica y sí se justifica es materia de debate, pues es cierto que las tasas criminales experimentaron una caída desde los años noventa con la administración Clinton, pero el precio se ignora, ya que el reporte policiaco, obtenido con base en la Ley de Libertad de Información, acabó de cualquier forma muy censurado.
 
 
Sin embargo, resalta como ejemplo de los crímenes graves que la FBI avaló la figura de James Whitey Bulger, el jefe mafioso de Boston que tuvo todas las facilidades para dirigir y operar con su banda, a cambio de informes sobre el hampa. A partir de entonces, el Departamento de Justicia ordenó registrar los ilícitos cometidos por los soplones, cuyo número, no obstante, permanece en secreto; hacia 2007 la propia FBI los calculaba en 15,000.
 
 
Sin violencia
 
La procuraduría general también estableció que la comisión de crímenes violentos no debe ser permitida por los agentes, mientras que los delitos serios tendrían que ser aprobados por fiscales federales; la realidad es que en 2005 el inspector general de la FBI afirmó que dichas normas eran ignoradas, al tiempo que la aportación de la FBI en los ilícitos procesados por los tribunales sólo ascendió a diez por ciento del total de casos críminales.
 
Así, podemos explicarnos escándalos como el de los 'testigos protegidos' y el del tráfico de armas para el cartel de SInaloa con Rápido y Furioso; entre tanto, Bulger, ya de 83 años, se halla en la etapa final de su juicio en Boston, donde la defensa no ha vacilado en exhibir las corruptelas de la FBI que le permitieron hacerse millonario (su clave de soplón era BS 1544-OC) en sus tiempos de gloria y que ahora están cerca de asestarle un duro castigo, mediante el empleo de 'asesinos confesos, apostadores y agentes sucios'.