Opinión

Waze me llevó por unas pinches callecitas

 
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ME. Waze me llevó por unas pinches callecitas.

La primera vez que escuché acerca de la aplicación Waze, hace dos años, un amigo que la utilizó para llegar de Santa Fe a Polanco me ganó al llegar primero al destino al que nos dirigíamos ambos. La descargué. Pero al poco tiempo me decepcionó, porque el aparente beneficio de los atascos de tráfico reportados comunitariamente no fue claro cuando los consulté. ¿Resultado? Borré la aplicación.

Desde entonces a la fecha he tenido experiencias negativas con Waze. El verano pasado, en Washington, DC –ciudad donde viví hace algún tiempo–, la aplicación me llevó a un estadio de fútbol por un barrio sórdido donde parecía que de noche pocos salen vivos, en lugar de hacerlo por las avenidas con flujo vehicular más nutrido. Un director de una multinacional tuvo una experiencia similar: el otro día lo puse y me llevó por unas pinches callecitas que daban miedo, me dijo.

Realmente fue una experiencia adversa para este individuo. Sólo falta que la próxima vez que alguien desee ir de la ciudad de México a Acapulco, y haya tráfico en la Autopista del Sol, esta aplicación sugiera atravesar el territorio de Los Rojos o de los Guerreros Unidos.

Más grave aún es la utilización de culto, casi religioso, que hacen de Waze los conductores de Uber, que no avanzan 50 mts. sin consultarle.

Recientemente un vehículo Uber me recogió en casa. Al subir, siguió las instrucciones de Waze: dio cuatro vueltas seguidas a la derecha. En tres minutos habíamos llegado a mi casa de nueva cuenta. Por un momento sospeché que el tipo me diría algo así como que olvidé apagar una hornilla u otra omisión muy reveladora. Pero no.

Waze muestra en México lo mejor y lo peor de la tecnología. Es verdad que su fundador Noam Bardin fue doblemente genio: primero al crear la aplicación, y luego al vendérsela a Google en 2013. Pero la ingenuidad de muchos conductores combinada con el desdén de esta aplicación por elevar el estándar de su producto en mercados emergentes como México pueden ser una combinación fatal. Hace dos semanas una agente de viajes fue equivocadamente llevada por Waze a una favela homónima del barrio Niteroi, en Río de Janeiro. Las pandillas la mataron a balazos.

Urgen dos cosas: primero, insistir en que el gobierno federal debe plantear la creación de una agencia dedicada a la vialidad, parecida a la National Highway Traffic Safety Administration de Estados Unidos, que concentre toda la regulación de lo relacionado a los vehículos automotores. Segundo, que Flavia Sasaki y Érick Ruiz, de Waze, aceleren la tropicalización de su sistema para México. Oportunidades hay muchas: este jueves por ejemplo, AT&T presentará iniciativas para el uso correcto del smartphone mientras se conduce un auto.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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