Opinión

"Warcraft" a los ojos de un fanático

 
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Warcraft.

Durante varios dichosos años fui jugador de World of Warcraft, el videojuego en línea que se desprendió de la serie de títulos de estrategia llamados simplemente Warcraft, y en los que está basada la película homónima. A Azeroth y el resto de los mundos ficticios donde se desarrolla World of Warcraft les tengo el cariño reservado para esos sitios fantásticos que durante largas horas fueron una fuente de alegría.

Una cosa es exigirle a un director que se apegue a la trama de una novela y otra muy distinta es pedirle que transporte dignamente el universo que habitaste a través de un avatar. Ver Warcraft en pantalla, por lo tanto, me entusiasmaba sin una pizca de inquietud. Aunque tiene una mitología honda y fascinante –traiciones filiales, cambios de camisetas, villanos invencibles–, la historia de Warcraft va en el asiento del copiloto. Como explica Tom Bissell en Extra Lives (su imperdible ensayo sobre los aciertos, las carencias y la estética del videojuego), en los mundos virtuales la atmósfera va al volante.

La película acierta al adaptar precisamente eso: la textura del lugar; el aspecto de sus elfos, orcos, enanos y hombres; las armaduras brillantes, ridículas, adornadas de perlas; los colores de la flora, la fauna y los embrujos de sus magos. Como fanático de los juegos, me sentí en casa.

Warcraft
Año: 2016
Director: Duncan Jones
País: Estados Unidos
Productor: Thomas Tull, Jon Jashni, Charles Roven, Alex Gartner, Stuart Fenegan, Chris Metzen y Tessa Ross
Duración: 148 mins.
Cines: Cinépolis y The Movie Company

Por desgracia, lo que opinen los usuarios de World of Warcraft como yo quizás pese en la taquilla, pero importa un comino a la hora de juzgar su calidad como producto cinematográfico. No creo en las versiones para fans, ni en las películas que sólo podrán entender o gozar aquellos que hayan leído este cómic o aquella novela. Una obra debe sostenerse por sí misma y, desarraigada de su fuente; Warcraft no logra mantenerse de pie.

En Warcraft se enfrentan dos bandos, ambos con héroes y villanos. Del lado de los orcos está Orgrim (Robert Kazinsky) y Durotan (Toby Kebbell), una de las creaciones por computadoras más expresivas y, sí, hermosas que ha dado el cine. Warcraft abre en los ojos húmedos de Durotan, mientras el gigante observa la barriga de su esposa embarazada. Su mirada triste se explica más adelante, cuando conocemos a Gul’dan, un siniestro orco al que se le ha metido entre ceja y ceja (o colmillo y colmillo) que su raza debe invadir el territorio de los humanos, defendido por el Rey Llane (Dominic Cooper) y Anduin Lothar (Travis Fimmel), su brazo derecho.

Lo que sigue son enredos que necesitarían un coloquio para poder desentramarse. Dirigida por Duncan Jones, quien se estrenó con la ingeniosa Moon, Warcraft padece el mismo dilema que Troy, otra película con buenos y malos en dos flancos que jamás consigue fincar la lealtad de la audiencia en un objetivo o un personaje. Durotan es lo más cercano que tenemos a un referente heroico, pero hasta él se extravía entre giros de tuerca incomprensibles y un exceso de guerreros y villanos.

Jones sabe filmar con brío (se siente el peso de los orcos contra los humanos, la fuerza de sus martillazos, el impacto de sus botas sobre el suelo), y su departamento de diseño se apunta un par de bichos y monstruos memorables: atención a esas águilas inmensas que, cuando alzan el vuelo, parecen lanzar un vendaval hacia la butaca. Lástima que esos destellos estén al servicio de una trama a la que le urge una brújula. Es fácil perderse en el mundo de Warcraft.

Twitter: @dkrauze156

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