Opinión

Walter de Maria, el aislamiento como
esencia del arte

 
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Walter de Maria. (en.wikipedia.org)

La noche del martes, mientras escribía este texto en homenaje al artista norteamericano Walter de Maria, sonó la alarma sísmica en la Ciudad de México. No tembló. Fue una hermosa coincidencia - muy ilustrativa además - tener a la mano On the Importance of Natural Disasters, escrito por De Maria en 1960, durante la oleada de memes en redes sociales sobre el sismo fallido. Reproduzco aquí un fragmento:

Creo que los desastres naturales han sido considerados equívocamente. La prensa siempre dice que son malos. Me gustan los desastres naturales y creo que pueden ser la forma más alta posible de experimentar arte. Por un lado son impersonales.El arte no puede hacer frente a la naturaleza. Ponga el mejor objeto conocido a lado del Gran Cañón, las Cataratas del Niágara o Redwood. Las grandes cosas siempre ganan. Ahora sólo tienes que pensar en una inundación, incendio forestal, tornado, terremoto, tifón, tormenta de arena.Piense en crunch de la ruptura de un iceberg. Si todas las personas que van a los museos pudieran sentir un terremoto. Por no mencionar el cielo o el océano. Pero es en los desastres impredecibles que se realizan las formas más elevadas. Son raros y deberíamos estar agradecidos por ellos.

Walter de Maria nació el 1 de octubre de 1935, en Albany, California, fue uno de los artistas más sobresalientes del land art, movimiento avant garde en la década de 1960 que anula el taller y el cubo blanco de la galería como contenedores de la obra de arte. Junto con Robert Smithson, Carl Andre, Richard Long, Michael Heizer, De Maria encontró en los inhóspitos paisajes norteamericanos el entorno perfecto para vincular el arte con aquello más grande que él: lo vasto de la naturaleza.

En el turbulento año de 1968, Walter De María realiza Mile Long Drawing (Dibujo de una milla de largo) en el Desierto Mojave, California. Como la mayoría de las piezas de land art, sólo queda el registro fotográfico, y en la imagen podemos ver dos líneas paralelas trazadas con arcilla blanca, que se pierden en el horizonte del desierto y a la mitad de su longitud vemos a De Maria tendido en el suelo, como formando una cruz.

Lejanas montañas y la soledad desértica enmarcan la obra de Walter de Maria, en la que también podemos rastrear una fuerte influencia del minimalismo americano de los años 50. Pero sus piezas Earth Rooms (Habitaciones de tierra) en 1968, 74 y 77 llevaron la agreste naturaleza a espacios cerrados de galerías. De Maria llenaba un cuarto o la galería completa de toneladas de humus, un tipo de tierra especial para cultivos que contiene estiércol y varios elementos orgánicos. Formando una gruesa capa de 60 centímetros desde el suelo, este humus impedía la entrada a la galería, resignificando el acto creativo, el desplazamiento del campo a la urbe y del interior al exterior.

Pero la obra que afianza a De María en la memoria de todo amante o estudioso del arte es The Lightning Field (Campo de relámpagos) de 1974-1977. En una deshabitada zona en el desierto de Nuevo México, en un área de 1 x 1.6 km emplazó 400 delgados mástiles de acero, con una altura de 5.40 m y terminados en punta, para que funcionen como pararrayos. Vista desde la distancia, parecerían un grupo de palillos en la inmensidad del desierto, pero al oscurecer y en temporada de tormentas eléctricas, The Lightning Field trasciende la idea estética y romántica de la simple contemplación de la naturaleza, para demostrar la sublime experiencia -casi aterradora- de la conciliación de una fuerza natural incontrolable con el tiempo, el espacio, la luz y la conciencia humana. Afortunadamente The Lightning Field es permanente y puede ser visitada a través de la Dia Art Foundation, con un costo de recuperación de $150 USD en temporada baja.

Como humanidad, difícilmente podremos agradecer la aleatoriedad de los fenómenos naturales -a los mexicanos no nos hablen de temblores o huracanes-, pero artistas como Walter de María (quien muriera en 2013) nos recuerdan el poder simbólico de la naturaleza, ya sea la tierra como fertilidad, el desierto como lo eterno interrumpido o los relámpagos como fuerza y temporalidad.

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