Opinión

Walter Benjamin

    
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Walter Benjamin

-"¿Qué valor tiene toda la cultura cuando la experiencia no nos conecta con ella?”: Walter Benjamin

Algunos recordarán que durante las clases de Ciencias Naturales nos enseñaban la clasificación de tres reinos: el animal, el vegetal y el mineral. Después se modernizó el esquema a cinco ó seis reinos incluyendo bacterias, organismos unicelulares y hongos. Lo curioso del primer sistema de la naturaleza (creado por Carlos Linneo en 1735) incluía entidades sin vida: los minerales y piedras. A partir del siglo XX un reino nuevo, peculiar, carente de vida, pero que se multiplica sin control, ha sido el eje de estudio para muchos pensadores, antropólogos, sociólogos y artistas: el reino de los objetos.

Si bien el ser humano siempre se ha rodeado de instrumentos, herramientas y “cosas” fabricadas por él mismo desde la era paleolítica –hace más de 2 millones de años– los objetos elaborados a escala industrial han conformado un universo propio (ya sean utilitarios, decorativos, etcétera) intrínsecamente relacionado con las necesidades del hombre, sus anhelos y sobre todo sus sistemas de producción y consumo. El pensador alemán Walter Benjamin (Berlín, 15 de julio de 1892-Portbou, 27 de septiembre de 1940), a quien dedicamos la columna de esta semana, es el primer filósofo del mundo moderno en confrontar la naturaleza humana con la naturaleza de los objetos industriales que constantemente se reproducen, y cómo este fenómeno afecta la primera.

Benjamin fue considerado por mucho tiempo como un escritor marginal, pero aproximadamente 20 años después de su muerte, su trabajo adquirió una vital importancia en los ámbitos de la crítica política y económica, pero también para el desarrollo y la comprensión de las prácticas artísticas contemporáneas. Benjamin definió los parámetros filosóficos que dieron pie al rechazo de la estética tradicional por parte del avant-garde europeo de inicios del siglo XX, estableciendo los caracteres para una nueva sensibilidad moderna. No es sorprendente que el autor más citado en la crítica de arte contemporáneo sea Walter Benjamin.

La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, de 1936, es el texto fundamental para comprender la evolución que vivió el arte a partir de la introducción de nuevos medios, desde el objeto (ready-made) hasta la inclusión de nuevas técnicas como el cine y la fotografía, en los que la idea de obra de arte como pieza única y original se desvanece ante la posibilidad de varios ejemplares. Para este filósofo, la obra de arte pierde su “aura” y su valor de culto, para concentrarse en el acto de su propia exposición, su presentación; no hay que olvidar que la obra de arte pertenece a este advenedizo reino de los objetos.

Esta pérdida del original, compaginado con las posibilidades tecnológicas de los nuevos medios, crean una suerte de hipersensibilidad y alteración de la percepción.

Por ejemplo, la cámara fotográfica y de cine captan imágenes que el ojo natural no puede, y en esta saturación de realismo, la dimensión de cercanía se perturba, provocando que la imagen creada sea más real que la realidad (Rosalind Krauss afirmaba que no existe nada mas surreal que la realidad que se duplica a sí misma). Aquí podemos ver que el pensamiento de Benjamin es tan avanzado que hoy en día tiene validez, aplicable perfectamente en las actuales tecnologías. En enero de este año la NASA publicó la fotografía más grande realizada por la humanidad. La foto de la galaxia Andrómeda, tomada por el telescopio Hubble, tiene mil 500 millones de pixeles, pesa 4.5 gigas y podemos ver estrellas que están a más de 40 mil años luz. No solo el ojo, sino el pensamiento no nos da para ponderar semejante distancia.

Benjamin fue un pensador moderno hasta en sus formatos de escritura, no realizó grandes tratados, sino breves ensayos con estilo casi literario. Tendremos que dedicar otra columna para poder comentar más textos como El narrador (1936) o Tesis sobre la filosofía de la historia (1940), en los que despliega su teoría de El ángel de la historia basándose en su interpretación de un dibujo de Paul Klee . Por lo pronto, podemos resumir que el rasgo más predominante en el trabajo de Walter Benjamin es cómo piensa esta nueva sensibilidad humana que se reivindica ante el nuevo mundo de las cosas, en cómo nos dejamos seducir por lo que no tiene vida y, aunque sabemos que es falso, su inmediatez fáctica nos hechiza. Como un vitalismo en romance deliberado con la muerte, donde las mercancías y el impulso sexual están en una relación mutua y recíproca.

Tal vez los horrores de la Segunda Guerra Mundial, el frenesí industrial de esta época moderna y el nuevo culto a los objetos y al consumismo dieron forma a las tesis de Walter Benjamin.

Perseguido por el régimen nazi, Benjamin huía buscando embarcarse rumbo a los Estados Unidos y fue detenido en la frontera pirenaica de Francia con España. Bajo custodia militar, en un hotel del pueblo Portbou, Benjamin se suicidó un día antes de que las fronteras se abrieran. Los últimos amigos que lo vieron vivo, como la filósofa Hannah Arendt, narran que llevaba consigo un manuscrito en su equipaje, que por desgracia no ha sido encontrado.

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