Opinión

Walter Benjamin II

    
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Walter Benjamin

Ella preguntó: ¿Qué es la Historia?
Y él dijo: La Historia es un ángel que está siendo empujado hacia el futuro. Él dijo: La Historia es un montón de escombros
Y el ángel quiere volver a reparar las cosas que se han roto
Pero hay un huracán que sopla desde el Paraíso
Y el huracán sigue empujando al ángel
desde atrás hacia futuro
Y ese huracán se llama progreso.


Laurie Anderson, The Dream Before. Canción basada en el fragmento de Walter Benjamin sobre el Angelus Novus.


Hace un par de semanas cuando revisaba mis notas para la pasada columna sobre Walter Benjamin, me resultó complicado decidir cómo abordar de manera general la enorme importancia de este pensador en el arte, y que el lector pudiera dimensionar sus implicaciones en la producción artística actual. Por eso consideré hacer una entrega más para hablar de un concepto axial en Benjamin: la figura del flâneur, que describe a la perfección una de las nuevas experiencias y sensibilidades que trajo consigo la modernidad.

Benjamin tradujo al alemán la obra poética de Charles Baudelaire y los primeros tres volúmenes de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust; estos autores franceses cautivaron al filósofo: el primero por lo contundente de la vivencia urbana en la ciudad de París, y el segundo por el manejo de un pasado que es posible recuperar a partir de los objetos. París se convirtió para Walter Benjamin en el símbolo del mundo capitalista, que se precipita sin control hacia el futuro, pero sin dar la espalda a su pasado histórico, y encontró en Charles Baudelaire al visionario que desde el siglo XIX reveló las posibilidades artísticas del consumo y de los nuevos estilos de vida citadinos, como el flâneur, término francés para describir la actividad de pasear - por simple ocio y esparcimiento - por la ciudad, con ánimos contemplativos, sin rumbo preciso.

La bohemia parisina y el flâneur son el leitmotiv en Baudelaire, y para Benjamin este vagar sin rumbo, a la caza de algo no concreto, es la manifestación de la búsqueda de lo extremo, del contrario opuesto, a través de un desafío. El caballero que pasea por la ciudad en Baudelaire abrió toda una interrogante sobre el individuo moderno que tiene la ciudad como escenario. Serán las calles donde sucede la vida, no al interior; Benjamin identificó este rasgo como la disolución de las nociones de interno y externo, de lo cercano y lo distante, donde la identidad subjetiva no es fija e inmutable, sino múltiple y plural.

Creo que todos alguna vez hemos tenido esa necesidad de salir a caminar para aclarar ideas, tener una suerte de “tiempo recobrado” como en Marcel Proust y, por ejemplo, aunque la Ciudad de México es un territorio a veces difícil, por supuesto que tenemos momentos de disfrute introspectivo al recorrerla. La figura del “espectador urbano”, como llamó Benjamin al flâneur de Baudelaire, dio lugar a una serie de prácticas artísticas que le otorgan un valor reflexivo al recorrer la ciudad y dejarse perder en ella, como una forma de establecer relaciones psicológicas y sociales. El contraste entre la identidad del individuo con el entorno urbano industrial ha sido desde entonces una constante en el arte contemporáneo.

Las derivas de los artistas Situacionistas en las décadas de los 50 y 60, en las que erraban por la ciudad sin rumbo en la búsqueda de generar situaciones atípicas y sacar a la luz la inmediatez de la vida, son un ejemplo del impacto de esta nueva experiencia urbana. On Kawara y su serie I Went (1968 -1979), que traza en mapas sus recorridos diarios y las personas que conoció. Hasta los artistas mexicanos como Gabriel Orozco, Damián Ortega, Abraham Cruzvillegas o Francis Alÿs encontraron sus lenguajes en la contemplación de la vida cotidiana, en el absurdo-fantástico de los contrastes citadinos.

Para Benjamin la ciudad es constructo de la voluntad humana, y perderse en ella es tan inevitable como el huracán que empuja al Ángel de la Historia representado por el Angelus Novus de Paul Klee. Y como Benjamin escribe, ese huracán es el progreso, que nos avienta a un futuro que no entendemos del todo; de igual manera nos extravía en una ciudad que nunca terminamos de conocer.

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