Opinión

Vulnerabilidad

   
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ME. Lo que me dijeron Carstens y Videgaray.

Uno se puede quejar mucho de la economía mexicana y casi siempre habrá razones para ello. Sin embargo, me parece que hoy mismo no hay casi nada de qué preocuparse. La inflación es muy baja, aun con los vaivenes del tipo de cambio; la economía crece poco, pero nada mal comparando con el resto del mundo; el empleo formal también está creciendo; seguimos siendo un país desigual, pero no empeoramos. Rumbo mediocre, habrá quien diga, pero cuando buena parte del mundo está sufriendo de estancamiento o franca contracción, tampoco es para ponerse a llorar.

Pero el casi es lo importante. Hay un asunto que tenemos encima y para el que no hay mucho tiempo: la deuda pública. También aquí, si comparamos con el resto del mundo, no estamos muy mal. Prácticamente todos los países industrializados traen deudas superiores al 100 por ciento de su PIB, y algunos casi triplican ese nivel. Pero el tamaño razonable de la deuda depende no sólo del tamaño de la economía (y por eso se presenta como proporción del PIB), sino de la paciencia que tienen los acreedores, que varía de país en país.

En aquel libro famoso de Reinhart y Rogoff, This Time is Different, proponían los autores un par de techos para el endeudamiento de una nación. Para los ricos, el límite parecía ser 90 por ciento del PIB, mientras que para los emergentes rondaría 60 por ciento. Fue famoso esto porque hubo una polémica alrededor de la primera cifra, y se afirmó que los autores habían cometido un error de cálculo elemental, y ese 90 por ciento no era realmente el techo. Puesto que ahora andan por encima de 100 por ciento y no ha pasado nada raro, parece que los críticos tenían razón. Pero del otro límite, el que nos toca a nosotros, no tenemos evidencia para saber si aplica o no. China ha superado ese nivel por bastante, y no le ha pasado mucho, aunque hay varios factores que podrían explicarlo, desde su tamaño hasta el nivel de sus reservas. Brasil está ya encima de 60 por ciento y no le está yendo bien.

Pero lo importante aquí es si nosotros queremos probar ese límite o no. Yo creo que no, y por eso me parece que la deuda es el tema más importante que tenemos que enfrentar, y pronto. La deuda del sector público federal no ha llegado a 60 por ciento del PIB, pero ya se acerca. Si utilizamos los Requerimientos Financieros del Sector Público como indicador, por ser una medida ampliada de deuda, al cierre de 2015 estábamos en 47.6 por ciento del PIB. (La deuda formal es de 45 por ciento, pero creo que los requerimientos deben ser nuestra referencia). A esa cantidad hay que sumar la deuda de los gobiernos estatales, que al final está respaldada por el gobierno federal, y más desde la aprobación de la nueva ley sobre el tema. Ahí tenemos 2.9 por ciento del PIB, al primer trimestre de 2016. Actualizando el dato federal a marzo y sumando todo, nuestra deuda pública está por ahí de 51 por ciento del PIB. En el resto del año, si no pasa nada, se le sumarán dos puntos más, al menos, que es lo que falta de déficit. Cerraríamos por ahí de 53, tal vez 54 por ciento del PIB.

Esto significa que estaremos a seis puntos de un posible nivel de riesgo. Al ritmo que traemos, con un anual de 3.0 por ciento del PIB, son dos años más. Este gobierno entregaría la administración en condiciones vulnerables, tal vez a otro partido político, y tal vez con un gobierno hostil en Estados Unidos. No suena bien. Hay que enfrentar esto ya.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

​Twitter: @macariomx

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