Opinión

Vulnerabilidad radiológica

Después de fuertes dolores en el abdomen y consultas con varios especialistas dando diagnósticos que resultaron equivocados al igual que los medicamentos recetados, una persona es diagnosticada con algún tipo de cáncer. De inmediato y con poca ayuda médica y hospitalaria la familia se enfrenta a un mundo tétricamente desconocido: ¿Qué es cáncer? ¿Se muere de cáncer?

El cáncer es una enfermedad de la que poco se sabe. Internamiento en un área llamada oncología, tratamientos que involucran términos desconocidos como medicina nuclear, radioterapia, quimioterapia y radiación (cantidad y frecuencia) para tratar órganos enfermos y tumores. Primera evidencia física de la gravedad: en pocas semanas se cae el cabello del enfermo. Alrededor de 50 por ciento de las personas con cáncer reciben dosis estándares de 180 a 200 centiGray de radiación.

Se entra de sopetón en un terreno vulnerable. Al terreno de la tecnología radiactiva. Se ignora que el tratamiento es largo, doloroso, caro y se soslayan las posibilidades de sobrevivencia y recuperación.

El paciente pronto se da cuenta de que la radiación es peor que un veneno, porque también mata tejidos sanos. Se presentan náuseas, vómitos, dolores intensos, fatiga, somnolencia y depresión. No se informa sobre los efectos secundarios de los tratamientos. Ante evasivas de médicos y enfermeras asalta la duda: ¿Saben qué tan grave es mi enfermedad? ¿La podrán curar?

Los médicos hablan del PET (tomografía por emisión de positrones) y hacen pensar que ese isótopo de vida efímera -18F- curará al paciente. Es cuando uno se da cuenta de la complejidad de los equipos, la ausencia de información y los violentos tratamientos con radiación, cuyos efectos no pueden esconderse. Se crea una sensación de vulneración. Los tratamientos radiactivos producen daños y lesiones físicas y morales.

Falta mucho por hacerse en los hospitales que “curan el cáncer” con tecnología radiactiva y medicina nuclear. No los detiene el hecho de que el paciente les dice: “ya no quiero más radiaciones, déjenme morir”. El cáncer también quema el alma.

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