Opinión

Voy i vuelvo

 
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Foto

Las fotografías son el resguardo de lo cotidiano, y también son el relato de su desaparición. Emmanuel del Real, Meme, más conocido por su trabajo como músico, presenta las fotos que empezó a tomar desde hace más de 10 años, como parte de su recorrido dentro de una de las bandas más famosas de América Latina, Café Tacvba.

En las fotografías de esta exposición, Voy i vuelvo (Galería Machete, Córdoba 25, Roma Norte), no hay limusinas, ni jets privados, ni groupies; al contrario, percibimos una quietud casi cinematográfica que se repite, y que compone una especie de bitácora.

Durante sus viajes, entre concierto y concierto, Del Real sale –cámara en mano– a recorrer las calles de las ciudades que visita, los pueblos que cruza, y nos ofrece una mirada que no 'edita' al mundo, y que con una sensibilidad que roza lo político, lo devela un poco bello, un poco sórdido, un poco absurdo. Vemos trabajadores orientales extenuados por largas horas de trabajo; marchas gay donde personas que son marginadas reclaman su derecho al amor; adolescentes que se divierten en una feria de pueblo y que por un instante olvidan las avasalladoras dinámicas que mueven al mundo. Reconocemos el subdesarrollo en tomas de edificios perdidos frente a un intrincado patrón de anuncios y de cables, o el esplendor de una ciudad que metafóricamente va a ser destruida por nuestra época.

Las fotos de Emmanuel describen la realidad de muchos, retratan un mundo informal, el de la subsistencia, con una sensibilidad que lo aleja de la pornomiseria, esas imágenes que operan con la estilización de la pobreza para despojarlas de toda relevancia y entregarlas a nuestro consumo diario. Las imágenes nuestras de cada día… Estas fotos ofrecen también una reflexión sobre el mismo medio, una metafotografía sobre el protagonismo ausente de los fotógrafos, y que vemos en una mujer que mira que desde un autobús, la cámara que roba ese instante, o en unas adolescentes peruanas con vestidos tradicionales que posan inocentemente frente a un diminuto objetivo a punto de devorarlas.

En una estrategia contraria, pero similar, de venir de un medio y abordar otro para enriquecerse, las fotos de Emmanuel me recuerdan a una pieza de Susan Hiller (Cleveland, 1940) llamada 100 Songs for a 100 Days, que se presentó en la edición 13 de Documenta, en 2012. Me hace eco porque Del Real tiene una incipiente lista de música que se llama political, en Spotify. La instalación que Hiller presentó era una rockola con una selección de 100 canciones revolucionarias (o de protesta) de todo el mundo, cuyas letras en viniles estaban pegadas a la pared de la sala. Esta artista, con más de 40 años de carrera, y que se especializa en la recuperación de artefactos e imágenes culturales, nos ofrecía estas piezas no tanto como reliquias de un mundo que desapareció, sino que nos confrontaba con nuestra amnesia premeditada, nuestro silencio, nuestra indiferencia, que nos delatan como cómplices de un mundo más cruel, más frío, más raro, que se pone en marcha frente a nuestros ojos, y que tanto Hiller como Del Real, en un intento por detenerlo y retenerlo, nos lo dejan entrever.

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