Opinión

Voy a meterlo a la cárcel

 
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El Bronco

Con esa promesa ganó El Bronco la gubernatura de Nuevo León en 2015; también Javier Corral en Chihuahua y Miguel Ángel Yunes en Veracruz. Simple y llanamente: voy a meter a la cárcel a (Medina, Duarte y el otro Duarte). No más explicaciones. No importa que el gobernador carezca de facultades para dictar sentencia como si fuera un juez ni tampoco que haya dificultades procesales para armar un caso y conseguir las pruebas. “Voy a meterlo a la cárcel” simplifica la propuesta de una campaña y contagia sed de venganza entre los votantes, muchos hartos y enojados por el abuso del poder.

La misma oferta hizo Donald Trump respecto a Crooked Hillary, al extremo de que uno de los cánticos preferidos de sus mítines era Lock her up, lock her up (el otro era Build the wall). Sin advertir que el Departamento de Justicia de Estados Unidos investiga, Trump prometía encarcelar a Hillary como si se tratara de un simple acto de voluntad. No importaba la falsedad del dicho. Lo relevante era encender los instintos carnívoros de sus seguidores. Y le ayudó a conseguir votos. Días después de ganar la elección, anunció que no emprendería acciones para afectar a los Clinton.

Aunque ya ofreció amnistía a la mafia del poder, no debe sorprender que la principal promesa de campaña de Andrés Manuel López Obrador en 2018 sea meter a la cárcel a Enrique Peña Nieto. Sus otras promesas: por ejemplo, revertir la reforma energética o la educativa o eliminar los exámenes de admisión de las universidades públicas, serían peccata minuta frente a esa joya de las plazas públicas enardecidas: ofrecer el sacrifico humano. Si AMLO ha construido su insignia alrededor de su honestidad, no habría mejor mensaje que castigar a los ladrones de la mafia del poder, empezando por el presidente y otros que él menciona día y noche.

Las encuestas sugieren que el clivaje de la elección de 2018 será el eje honestidad-corrupción. Combatir la corrupción fue factor clave de muchas elecciones locales en 2015 y 2016 y con el surgimiento de más escándalos en los próximos meses, el tema se calentará e invitará a su explotación por parte de los candidatos. Ricardo Anaya, presidente del PAN y aspirante de su partido, usa la presunta corrupción del PRI como eje de su retórica: “Tienen que irse por corruptos”. Margarita Zavala, más cauta, ha llamado a combatir la corrupción pero sin linchamientos, persecuciones ni venganzas: “No se trata de perseguir gobernadores, sino de evitar la corrupción y así tiene que verse también en las campañas”.

Quien sea el candidato presidencial del PRI tendrá desventaja. Aunque puede presumir que su gobierno promulgó la legislación del Sistema Nacional Anticorrupción (bajo la presión de grupos ciudadanos y de los partidos de oposición), la gente quiere hechos concretos. Quizá por ello el gobierno empezó la persecución de exgobernadores acusados de corrupción. ¿Cuántos pisarán la cárcel antes de que inicie la contienda electoral de 2018? ¿Podría el gobierno y su partido recobrar la confianza por meter a la cárcel a algunos? ¿O la gente dirá –como asegura López Obrador– que son chivos expiatorios?

Si algo podemos aprender de la elección de Estados Unidos es que los electores quieren símbolos para volcarse a las urnas. ¿Qué propuesta de campaña podrá emular la simpleza y eficacia del 'muro de Trump'?

¿Qué frase o cántico podrá energizar a los votantes en 2018? ¿Qué narrativa definirá la elección presidencial? La respuesta parece clara, aunque algunos encuestadores como Alejandro Moreno dudan de tal aseveración prematura. (Alternativas de temas de campaña: desigualdad, inseguridad y, con la llegada de Trump, un tema candente podría ser Estados Unidos).

La segunda pregunta es ¿quién podrá enarbolar mejor la bandera anticorrupción?. Aunque López Obrador lleva ventaja porque ha sido consistente en denunciar a la llamada mafia del poder, podrían surgir otros que enarbolen la misma bandera. ¿El Bronco? ¿La candidata del PAN? ¿Podría el PRI surgir con un candidato que sea creíble en su propuesta de gobernar honestamente y castigar a los corruptos de su propio partido? ¿Podrán hacer una limpia de la casa de aquí a 2018?

Muy positivo que sea la corrupción y el combate al abuso del poder el tema más visible de la campaña presidencial de 2018. Peligroso que se convierta en un concurso de exageraciones y propuestas simplistas. Y que el lema 'meterlo a la cárcel' sustituya una deliberación de propuestas de gobierno para combatir la pobreza o para elevar la productividad y que impida una evaluación de las fortalezas y debilidades de cada candidato.

Ojalá que la estridencia de las campañas de 2018 no impida evaluar las cualidades de los candidatos: la honestidad individual, la inteligencia emocional, la experiencia y la capacidad para actuar con eficacia. Y, sobre todo, ojalá que la exigencia de justicia no dé lugar a una cacería de brujas, aun sea verbal. Sólo hay algo peor que la impunidad: pretender combatirla violando el debido proceso y el respeto a la presunción de inocencia.

Twitter: @LCUgalde

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