Opinión

Votar o no votar

 
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Depositando el voto. (Cuartoscuro/Archivo)

Hay ciudadanos que consideran que votar es perder el tiempo, pues vivimos en una partidocracia, donde los dirigentes de los partidos deciden quiénes serán nuestros representantes. Dicen que todos los partidos, candidatos y miembros del gobierno son iguales, por lo tanto, no van a votar o anularán su voto. Grupos de radicales, que no se sienten representados en los partidos o por su posición anárquica de ir contra todo, también llaman a la ciudadanía a no votar y a boicotear las elecciones.

Aunque hay razones válidas entre quienes están decepcionados de los partidos y los políticos, no votar no ayuda a solucionar los problemas, sino a que ganen los peores. Los partidos expertos en “marrullerías” y en la compra de votos, son los que aumentan sus posibilidades de triunfo cuando un menor porcentaje de clase media pensante e independiente asiste a las urnas. La alternancia en la Presidencia a principios del siglo XX fue posible gracias a un aumento de votantes.

Tenemos una democracia imperfecta y plagada de demagogia, pero no es la solución no votar, sino votar racionalmente, para lo que necesitamos analizar la personalidad del candidato, la trayectoria de su partido y la viabilidad de sus propuestas.

Hay suficientes elementos para decepcionarnos, despotricar contra el gobierno, la corrupción y no participar en una democracia imperfecta, pero que demostró que sí puede lograr alternancia y cambios, aunque lentos o insuficientes, si acudimos a las urnas.

En la primera década del siglo XXI avanzamos en transparencia y libertad de expresión. Se pudo saber en qué y cuanto gastaba el Presidente y criticarlo sin represión. El siglo pasado eran intocables los altos funcionarios, si alguien se atrevía a decir algo de ellos, era acallado. Pero hay el peligro de regresar a la opacidad y censura del siglo pasado.

Es necesaria una mayor educación política y económica, por ello escribimos el libro “Políticas económicas”, para identificar qué propuestas son viables, cuáles demagógicas y votar racional y positivamente.

No caigamos en el “garlito”, que normalmente beneficia a los peores, de no ir a votar o anular nuestro voto. Votemos por los menos malos para que no triunfen los peores o por lo menos tengamos la certeza de que no favorecimos a los que no queremos en el poder al no votar.

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