Opinión

Vota por mí

 
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Campaña. (Cuartoscuro)

Arrancaron el pasado 3 de abril, sin pena ni gloria, las campañas electorales para renovar doce gubernaturas. Sabemos lo que nos espera: un alud de spots insulsos, descalificaciones cruzadas, promesas y promesas, te lo firmo y te lo cumplo, vota por mí yo soy el bueno, sólo yo sé cómo resolver los problemas de nuestro estado, acabaré con la inseguridad, la corrupción y el desempleo, todo será transparente si el próximo 5 de junio cruzas en la boleta el logo de mi partido, hazlo por mí, hazlo por todos, por tus hijos y los hijos de tus hijos, tú sabes que esto es un juego, yo finjo que me interesas, votas por mí y si te vuelvo a ver ni me acuerdo, quiero ser tu gobernador para poner a mi familia a trabajar en el gobierno, para que la Revolución me haga justicia, a mí no me den nada, nada más pónganme donde haya, prometo no cumplirte, no tomarte en cuenta, no incorporarte a ninguna toma de decisión ciudadana, déjame ser tu virrey, que todo cambie para que todo siga igual, vota por mí, mejor por mí, soy independiente, un ciudadano como tú, yo no te engañaré ni robaré, vota, cruza la boleta, anda, soy tu candidato, no haré travesuras. Y un cielo impasible despliega su curva.

Los números son terribles. Sólo el 19 por ciento de los mexicanos se muestra satisfecho con la democracia. La confianza en los partidos políticos está por debajo del 20 por ciento. Únicamente el 34 por ciento confía en la autoridad electoral. Al 90 por ciento de los jóvenes les interesa “poco o nada” la política.

“Democracia –escribió Francesco Crispi– es el nombre que los políticos dan a las masas cuando las necesitan”. Hoy la esperanza está puesta en el posible triunfo de algunos de los 30 candidatos independientes que participarán en estas elecciones. Según las encuestas ninguno tiene posibilidades reales de ganar. Pero la elección del Bronco el año pasado dejó muy mal paradas a las casas encuestadoras. Recordemos a Churchill: “sólo creo en aquellas encuestas que haya manipulado previamente.” ¿Son realmente los candidatos independientes una esperanza de renovación de la democracia mexicana? Luego de leer el muy instructivo y muy oportuno nuevo libro de Pedro Arturo Aguirre (De Winston Churchill a Donald Trump: auge y decadencia de las elecciones, Innisfree, 2016), concluyo que no, que de los llamados candidatos independientes no vendrá el cambio. Que éste sólo puede venir de la participación ciudadana. No hay de otra: o nos involucramos o dejamos que la incipiente democracia mexicana se nos venga abajo.

Las candidaturas independientes son el fruto de la ineficacia de los partidos, de sus dispendios y su falta de transparencia, pero sobre todo de sus escleróticos mecanismos de representación. Los partidos le han cerrado las puertas a los ciudadanos. Ante la falta de representatividad éstos decidieron irse por la libre.

Cierto es que la mayoría de los que se dicen independientes provienen de los partidos tradicionales y arrastran sus vicios. Como cierto es también que, al cuarto para las 12, cuando sus partidos no les cumplieron con la candidatura que ellos creían merecer, decidieron autollamarse “independientes”. Por ello los partidos se volcaron a imponer la mayor cantidad de trabas. Señala Aguirre: “en ninguna democracia actual las condiciones para que un partido político emergente pueda participar en elecciones son tan difíciles como en México.” Tras la victoria del Bronco los congresos locales de por lo menos una docena de estados “aprobaron absurdas reformas para limitar la participación de los candidatos independientes.” En vez de ahondar en la democratización de nuestro sistema político, se decidió cerrarlo y de este modo alejar cada vez más a la ciudadanía. Era difícil encontrar, pero lo consiguieron, una fórmula mejor para el desastre.

Uno de los riesgos de las candidaturas independientes, señala Pedro Arturo Aguirre, es la personalización de la política. “Importan los individuos y no las ideas ni los programas de gobierno.” El líder iluminado intenta convencer a los electores que él representa “la solución para todos los problemas, idea falaz que no tarda en ser refutada por las obstinaciones de la compleja realidad”.

Los candidatos independientes no son la panacea de nuestra democracia, pero sin duda representan aire fresco en el asfixiante y corrupto coto de los partidos. Nuestro sistema está corroído por la desconfianza. En los próximos días seremos nuevamente testigos del despilfarro y la comedia electoral. Qué lástima que en México, decía Jorge Ibargüengoitia, no exista una Embajada de México en la cual podamos refugiarnos.

Twitter:@Fernandogr

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