Opinión

Voces de ultratumba

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Humberto Roque Villanueva. (Cuartoscuro)

Repantigado en el mullido sillón, Gamés recibió el informe de uno de los drones que vigilan el amplísimo estudio y sobrevuelan además la vida pública mexicana: “nos hemos vuelto locos”. Gil leyó en todos sus periódicos de papel la noticia de los nombramientos en la Secretaría de Gobernación. Miguel Ángel Osorio Chong nombró a nueve funcionarios para fortalecer y priorizar (a Gilga le gusta escribir en memorandés) la puesta en marcha de la Clave Única de Identidad y el Plan Frontera Sur y el Programa Nacional de Prevención de la Violencia y bla-bla-ble-ble-blu-blu.

Osorio Chong: “Tenemos que seguir adelante en esta segunda parte del gobierno consolidando logros y rectificando lo que se tenga que hacer y sumando más y más sociedad a nuestras políticas públicas”. Y la primera consolidación, o una de las primeras, fue el nombramiento de Arturo Escobar como subsecretario de Prevención del Delito y Participación Ciudadana. ¿Este joven Escobar es el vocero del Partido Verde y coordinador del grupo parlamentario del mismo mazacote? No, imposible, pensó Gamés mientras caminaba sobre la duela de cedro blanco. Pues resulta que es el mismísimo diputado verde. El gobierno de Peña premia a sus aliados verdes. Muy bonito, precioso, gran decisión.

Gilga leyó en su periódico Milenio a Carlos Puig. La Duda Razonable iluminó algunos momentos culminantes de la trayectoria de Escobar. El más sobresaliente, cuando en el aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez la policía encontró en la maleta Louis Vuitton de Escobar un millón de pesos en efectivo. Gil recuerda que entonces se dijo que un millón en efe era lo menos que el joven diputado cargaba cuando viajaba. Puig escribió que en su búsqueda de prevención del delito en la historia del nuevo subsecretario no encontró nada. Esto quiere decir que nadie pudo preveer los delitos, se consumaron y punto.

Games felicita a la Secretaría de Gobernación por tan atinado nombramiento. Van bien. Y ya entrados en gastos y encarrerado el gato: ¿no hay nada para el muchacho Emilio González, para el diputado Sesma y Cisma, para el exitoso empresario Alberto Cinta? ¿Nada? Qué díscolos.

Voces de ultratumba
Otro de los nombramientos que hizo trepidar a Gil: Humberto Roque Villanueva, nuevo subsecretario de Población, Migración y Asuntos religiosos. Ah, les jours terribles: marzo de 1995, la 'roqueseñal'; la más grande crisis financiera del México moderno; el aumento del IVA; la sana distancia. Gamés hace chango y papa con las manos para que el nombramiento de Roque no sea precisamente una premonición, un presentimiento, un raro vaticinio que viene paradójicamente del pasado.

Nadie podría sentir nostalgia de ese año negro, pero podrían requerirse los servicios de Mariano Palacios Alcocer, Ignacio Pichardo Pagaza, Miguel Limón, María de los Ángeles Moreno, en fon. Gil se devana los sesos y las sesas: ¿Si el viejo PRI no es el nuevo PRI, entonces quién es el nuevo PRI? Sólo el Dios de los priistas podría saberlo en su infinita sabiduría. Eran los tiempos de oro del exgordito de la exSEP, o como se diga, don Emilio Chuayffet.

Liberland
Gil lo leyó en un artículo publicado en Vice New. Vit Jedicta es el presidente de Liberland, un país fundado en abril de este año en terra nulius (tierra de nadie), ubicado entre Croacia y Serbia, en una zona de 800 mil metros cuadrados llamada Gornja Sliga y con una sola construcción en pie. Jedicta imagina Liberland en el futuro como un gran país de rascacielos en donde los impuestos no existirán. Un país donde la poligamia y el matrimonio homosexual no estarán prohibidos. El joven presidente de 31 años asegura que Liberland cuenta ya con 70 mil ciudadanos.

Desde esta página del fondo, Gilga le propone a Miguel Ángel Mancera que en su próximo informe de actividades suelte la noticia bomba: no una Secretaría de Cultura sino una iniciativa para que en la ciudad de México no se prohíba nunca más la poligamia. ¿Cómo la ven? Sin albur.

Un escalofrío recorrió la espalda de Gamés cuando imaginó un país llamado Priland, un lugar en el que los políticos nunca se retiran, un país donde como muertos vivientes los políticos vuelven una y otra vez. Gilga caminó sobre la duela de cedro blanco con las manos entrelazadas en la espalda. De pronto se detuvo en húmedo (si hay en seco también debe existir en húmedo) y pensó: ¿y si ya viviéramos en Priland? Oh, no. Estamos perdidos.

La máxima de Kafka espetó en el ático de las frases célebres: “A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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