Opinión

Vivir tranquilos, pero nunca pasivos

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Bala. (Cuartoscuro/Archivo)

Hemos llegado ya a la mitad del mandato de la actual administración en la capital del país y podemos señalar que en materia de seguridad el saldo es positivo, aunque no podemos bajar la guardia. En la ciudad de México podemos vivir tranquilos, pero nunca pasivos.

En materia de seguridad la ciudad de México presenta una tendencia a la baja en la comisión de delitos desde hace varios años, en particular en los últimos tres, donde varios crímenes de alto impacto han registrado caídas históricas como es el caso de robo de vehículo o robo a bordo de taxi; sin embargo la percepción de inseguridad se mantiene alta y ese es un elemento en el que debemos trabajar de manera permanente.

El robo de vehículo ha pasado de nueve mil 807 casos en el periodo enero–julio de 2013 a siete mil 526 en el mismo lapso de 2015, es decir, en la actual administración se ha pasado de 46.7 autos robados diariamente al inicio del gobierno a 35.8 en este momento. A principios de la década la cifra era de 162 unidades. Es relevante mencionar que en este delito la cifra negra es inexistente.

Esto es importante ya que el robo de vehículo se encuentra asociado a otros delitos porque es una herramienta para delinquir. Si existe una disminución histórica, ésta también impacta en otros delitos y eso nos arroja una tendencia que se construye a partir de delitos que sirven como referencia por su asociación con otros crímenes. De esa forma validas y compruebas si existe un comportamiento real a la baja o al alza.

Sin embargo, como sociedad debemos seguir trabajando por bajar otro tipo de delitos lacerantes. Definitivamente se debe poner hincapié en el homicidio doloso. De acuerdo con las mediciones que hacemos en el Consejo Ciudadano, es un delito que no se dispara, pero tampoco baja a niveles que podamos considerar óptimos.

Lo más relevante es que en los últimos años 80 por ciento de los homicidios dolosos se comete entre civiles y por tres razones principales: riñas, venganzas personales y motivos pasionales. Este porcentaje responde a la gran cantidad de armas que tenemos en manos de ciudadanos y al abuso del alcohol. Es decir, el homicidio en la ciudad es un delito social en ocho de cada diez casos. Esta es una tendencia que tristemente no se ha modificado.

Es paradójico que tengamos cifras a la baja, en algunos delitos con descensos históricos, pero una percepción de inseguridad alta. Influye en ello casos relevantes como el de la colonia Narvarte, pero para avanzar en este tipo de situaciones lo que necesitamos es la verdad. Por ello, como parte de la sociedad civil estamos atentos a los resultados que brinden las autoridades, esperemos a que las investigaciones avances y se sepa qué fue lo que sucedió en realidad en este caso.

Para seguir avanzando debemos estar conscientes de que debemos actuar de manera corresponsable y el primer paso es denunciar. El porcentaje de denuncia en la ciudad de México está entre 38 y 40 por ciento y es el más alto de la República. Eso quiere decir que 60 por ciento no lo hace sin importar qué le ocurra. Ese es el tamaño de la desconfianza en las autoridades y debemos cerrar esa brecha si queremos tener una percepción distinta.

La denuncia, con sus imperfecciones, es hasta el momento la herramienta más poderosa que tenemos los ciudadanos. Deja constancia de los hechos y nos permite exigir resultados, de otra manera nosotros mismos generamos la impunidad y permitimos la corrupción.

Así, debemos seguir apostando por la participación ciudadana. Parece que el concepto ya está muy gastado, pero es una realidad que sin un aumento en el involucramiento de la gente la percepción no se modificará en el corto plazo. Participar no sólo es votar cada tres o seis años. Ahí empieza nuestro trabajo, no termina. La ventaja es que la sociedad de la ciudad de México es la más involucrada y eso ayuda, aunque nos falta que la mayoría esté presente en la toma de decisiones.

Twitter: @LuisWertman

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