Opinión

Viven millones en área contaminada de Fukushima: Koide


 
 
El legado tóxico de Fukushima acompañará a los japoneses y al mundo por mucho tiempo y, al margen de los ingentes recursos que la planta devastada está consumiendo —tan sólo las operaciones de limpieza se calcularon en 58,000 millones de dólares en julio, según un análisis gubernamental—, la catástrofe ha reforzado las filas del activismo antinuclear, donde destaca la figura de Hiroaki Koide.
 
 
Profesor asistente en el Instituto de Investigación de Reactores en la Universidad de Kioto y experto en ingeniería nuclear, seguridad y control de radiación, Koide empezó su carrera hace más de 40 años entusiasmado por la promesa del átomo que liberaría a Japón de su dependencia energética. Sin embargo, muy pronto empezó a cuestionar el costo social de una industria dominada por el gobierno y poderosos intereses monopólicos que, por ejemplo, construyeron en 1968 la planta de Onagawa en una zona aislada a 50 kilómetros de Kioto, su principal mercado, al igual que el reactor experimental para el centro de estudios en la lejana y vulnerable prefectura rural de Wakayama.
 
 
Sumido en el ostracismo, Koide encontró al fin un espacio más amplio para difundir sus tesis, resumidas en el libro Genpatsu no uso (La mentira de la energía nuclear), luego del terremoto y el tsunami de 2011 que liquidaron la planta de Fukushima Daiichi operada por Tokyo Electric Power Co.
 
 
Audiencia
 
Su intervención al lado de otros especialistas como Goto Masashi, exingeniero atómico de Toshiba, ante la Cámara alta del Parlamento, en mayo de 2011, desenmascaró muchos de los mitos que la industria ha tejido a su alrededor, al afirmar que las reservas totales de carbón aún pueden cubrir por 800 años la demanda mundial, a diferencia del uranio, que es mucho más escaso; también expuso que pese al gasto de más de un billón de yenes Japón no ha logrado avanzar en el desarrollo del reactor de alimentación rápida con base en plutonio y sólo cuenta con un prototipo, el Monju.
 
En el segundo aniversario de la tragedia de Fukushima, señala Natural News, Koide advirtió que la radiación de cesio-137 lanzada a la atmósfera por tres de los reactores de la planta, que se fundieron a más de 2 mil 800 grados (el acero se funde a mil 400 grados), resultó de 400 a 500 veces superior a la esparcida por las bombas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki en 1945. Peor aún, sostiene, al elevar sus niveles de tolerancia a la contaminación, el gobierno prácticamente condenó a diez millones de personas a vivir en zonas donde los estándares mundiales recomendarían el desalojo.