Opinión

Viva Aristóteles Núñez


  
La virtud más importante que está mostrando el jefe del Servicio de Administración Tributaria (SAT), Aristóteles Núñez, al haber ventilado los nombres de contribuyentes morosos, es la de fortaleza, tan indispensable como necesaria en un país donde millones han hecho de la evasión y la elusión fiscal un deporte. Núñez, con la firmeza pocas veces vista en un funcionario que fiscaliza nuestro comportamiento financiero, y con la afabilidad requerida en un momento en que toda la población necesita explicaciones didácticas de la nueva realidad fiscal, es una estrella dentro del escenario público nacional. ¿Su mejor herramienta? La ley.
 
 
Desafortunadamente la publicación de la lista negra de contribuyentes que incumplieron sus obligaciones fiscales ha merecido toda suerte de argumentos reprobatorios contra Núñez: que si está imprimiendo un tono totalmente fiscalizador del nuevo gobierno; que si la lista será la palanca de presión para individuos no afines al PRI; que si debería haber hecho públicas también las exenciones y condonaciones…
 
 
Pero esos son argumentos que construyen sobre el carácter tramposo del ánimo cultural colectivo. Es decir, en lugar de que la sociedad repruebe al que debiendo pagar no lo hizo, ¡reprueba a quien exhibe al incumplido! Es una ironía, similar a cuando el grupito de cinco malvivientes de la secundaria no hizo la tarea y la clase completa tacha de imbécil al nerd que le recuerda al profesor que debe requerirla antes del sonar de la chicharra (¡cuando en realidad debería ejercerse presión contra los desobligados!).
 
 
Las acciones de Núñez nos orillan a preguntarnos qué queremos: un país donde quien infringe la ley —y es condenado judicialmente a pagar sus impuestos— sea requerido a cumplirla; o uno en el que sigan sin tocarse nombres de empresas y personas públicas porque no conviene, porque ejercen influencia, o porque son cool.
 
 
La lista negra es un acierto enorme de Hacienda y el SAT. No se trata de control político —como algunos lo quieren interpretar—, sino de cumplir la ley. No hay país desarrollado donde las leyes sean flexibles. Si queremos dejar la condición de “emergente” en 10 o 15 años, ya sabemos a quién tenemos que empezar a aplaudirle.
 
 
Twitter: @SOYCarlosMota