Opinión

Visiones de Shakespeare

 
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Shakespeare.

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil pensaba en la mariguana. Sí, ya quedamos en que cada quien piensa en lo que le da su regalada gana. Gil lo leyó en su periódico Milenio y en un artículo de Rafael Pérez Gay: “Shakespeare pacheco”. Según una nota de su periódico The Independent reproducida por su periódico La Jornada, en el análisis de unas pipas recogidas del jardín de la casa de Shakespeare había restos de cannabis. Era el año de 1606. El artículo de Pérez Gay asocia, un tanto forzadamente, como un bambú doblado, algunos pasajes de Macbeth con un aire pacheco del siglo XVII. Es una vacilada, se entiende; por lo mismo, Gil buscó y rebuscó otros pasajes como si se hubieran desprendido de un hornazo de mota. Lean y verán:

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De Macbeth

Las Brujas: ¿Cuándo volvemos a vernos? ¿En lluvia? ¿En rayos? ¿En truenos? Cuando pierdan, cuando ganen la batalla, cuando acaben. Gran sapo nos llama ¡Ea, ya!

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Lady Macbeth: Lo que los ha puesto borrachos, a mí me ha vuelto audaz; lo que los apagó, a mí me ha dado fuego. Oye: fue el búho que graznó, fatal sereno, dando sus secas buenas noches. (traducción de Agustín García Calvo).

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De El rey Lear

Bufón: Si la gente tuviera los sesos en los talones, no cabría el peligro de los sabañones.

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Lear: ¡Soplen, vientos! ¡Revienten las mejillas! ¡Rujan y soplen diluvios y huracanes, chorrreando hasta empapar las torres y ahogar sus altos gallos. Sulfúreas centellas, que cruzan como ideas y preceden al rayo que parte en dos al roble, quemen mis canas; y tú, batiente trueno, aplana con tus golpes el grueso orbe del mundo, rompe el molde de la naturaleza, echa por tierra el germen que crea al hombre ingrato.

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Edgar: ¿Mi padre con sus ojos fuera? ¡Mundo, mundo, qué mundo! Sólo por tus raros vuelcos, que te hacen odioso, aceptamos llegar a la vejez.

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Gloucester: Yo no tenía camino, y por eso no me hacen falta los ojos. Solía tropezar cuando veía. Es muy frecuente que los bienes nos hagan confiados, y la carencia vaya en ganancia nuestra. Querido hijo Edgar, alimento del odio de tu engañado padre, si sólo por el tacto alcanzara yo a verte, diría que otra vez ojos tengo. (traducción de Vicente Molina Foix).

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De Hamlet

Horacio: ¿Quién eres tú que usurpas las horas de la noche, unido al bello y belicoso aspecto con que la majestad del difunto danés marchaba a veces? Te conmino por los cielos a hablar.

Bernardo: ¿Qué pasa, Horacio? Estás temblando y pálido. ¿No es esa cosa algo más que ilusión?

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Espectro: Yo soy el espectro de tu padre. Condenado durante cierto tiempo a vagar en la noche, y en el día confinado a ayunar entre las llamas mientras son consumidos y purgados los crímenes soeces que llenaron mis días naturales.

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Espectro: Escucha, Hamlet, oh, escucha, si una vez amaste a tu querido padre…venga su repugnante asesinato, más antinatural que ningún otro (…). Se ha corrido la voz de que durmiendo yo en mi huerto, me picó una serpiente; todo oído danés está burdamente engañado así con una historia falsa de mi muerte.

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Hamlet: ¡Ah, huestes celestiales todas! ¡Ah, tierra! ¿Y qué otra cosa? ¿Y tendré que añadir el infierno? Oh, aguanta, corazón; y ustedes, y mis nervios, no envejezcan de pronto, sosténganme en pie firme. ¿Qué me acuerde de ti? Sí, pobre espectro, mientras tenga asiento en este mundo desquiciado la memoria.

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Hamlet: Ser o no ser, de eso se trata; si para nuestro espíritu es más noble sufrir las pedradas y dardos de la atroz fortuna, o levantarse en armas contra un mar de aflicciones y oponiéndose a ellas darles fin. Morir para dormir, no más; ¿y con dormirnos decir que damos fin a la congoja y a los mil choques naturales de que la carne es heredera? Es la consumación que habría que anhelar devotamente. Morir para dormir. Dormir, soñar acaso; sí, ahí está el tropiezo: que en ese sueño de la muerte qué sueños puedan visitarnos, cuando ya hayamos desechado el tráfago mortal, tiene que darnos qué pensar. (traducción de Tomás Segovia)

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Sí, los viernes Gil toma la copa shakespeareana con amigos verdaderos. Mientras los camareros acercan las bandejas con Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la máxima de Shakespeare: “Algo podrido hay en el reino de Dinamarca”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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