Opinión

Visiones contradictorias sobre México

Luis Pazos

Para las agencias que elevaron la calificación a México, la economía es más prometedora, mientras que para los empresarios y ciudadanos de clase media y pobre la situación económica es cada vez peor. Las calificadoras, como Moody’s y Standard & Poor’s, consideran que gracias a las reformas estructurales habrá más inversión y crecimiento en México, pero la única que puede ayudar a mediano y largo plazo es la energética.

En el caso de la reforma fisca,l las calificadoras confunden México con el gobierno, ya que es el único beneficiado con el aumento de impuestos, al trasladar una mayor proporción de los ingresos de las empresas y los consumidores a sus arcas. Los índices de confianza del consumidor y el de los empresarios en la economía, cayeron, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Pero las calificadoras tienen razón en proyectar mayores ingresos para el gobierno y un incremento en su solvencia para pagar sus créditos.

Una mejor calificación repercutirá en una disminución de tasas y en un probable aumento de inversión extranjera; pero esa expectativa es contrarrestada por un aumento de impuestos que le resta competitividad a México entre los inversionistas y reduce el poder adquisitivo de la mayoría de los trabajadores, como lo demuestra una inflación en enero de 4.5 por ciento anualizada, que redujo el consumo.

La pregunta que se hacen muchos mexicanos es ¿para qué quiere más dinero el gobierno? ¿será para un mayor gasto en educación y salud? Según un informe de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) el gasto educativo y de salud en México con relación al Producto Interno Bruto, está por arriba del promedio de los países miembros de esa organización, pero los avances en educación y en salud están por debajo del promedio de los miembros de esa organización.

El problema de México no es la baja recaudación fiscal, sino la dilapidación, mal uso y desvío de los recursos fiscales, como lo comprueba el escaso o nulo beneficio social de un gran número de programas gubernamentales de la Secretaría de Desarrollo Social, con un criterio más político que social. Los desvíos de miles de millones en varios estados y municipios también son un ejemplo de que el problema de México es el malgasto de recursos y no el bajo ingreso fiscal.