Opinión

Visión universitaria

Gerardo René Herrera Huízar*

Muchos y variados son los retos que enfrentamos como país y como sociedad, circunstancias complejas que en no pocas ocasiones se acentúan por el desconocimiento, la improvisación o la inexperiencia en el quehacer público.

Hace apenas unas semanas nos sorprendió la noticia de la captura de El Chapo Guzmán; se atribuyó el éxito de la limpia acción a la excelente y sumamente técnica labor de inteligencia realizada por las fuerzas del orden. Pero pocos días después nos enteramos que otro peligroso delincuente, El Chayo, había sido abatido por segunda vez. En esta ocasión “la inteligencia” se desdibujó, quedó al descubierto la ineficacia e improvisación con que se actuó en el pasado amén del mayúsculo ridículo de algunos exfuncionarios por el terrible yerro.

Pero lo verdaderamente importante es el cuestionamiento que se abre sobre las reales capacidades de los diferentes órganos del Estado para desarrollar con eficacia una función, profesional, por demás compleja, de alto grado de sofisticación, indiscutiblemente esencial e imprescindible para la eficaz toma de decisiones: la función inteligencia, que no debe quedar en manos inexpertas o improvisadas y mucho menos servir sólo a la retórica mediática.

Tomar decisiones es un acto que realizamos todos los días cientos de veces en nuestra individualidad cotidiana sin mayor complicación, pero la tarea de decidir, cuando se desempeñan elevadas responsabilidades, gubernamentales o privadas, reclama del soporte insustituible de información de alto valor, actualidad, veracidad y confiabilidad, que sólo es posible producir por entidades con un alto nivel de especialización.

Venturosamente, el mundo académico ha tomado conciencia de esta necesidad profesional.

* El autor es catedrático en la Universidad Anáhuac México Norte.