Opinión

Visión como aparición

 
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Alberto Giacometti. (theredlist.com)

¿Qué dicen los cuadros modernos? Se dicen a sí mismos.
Octavio Paz, Corriente Alterna

La semana pasada, cuando hablamos de la obra de Alberto Giacometti a propósito de su nacimiento, mencionamos la similitud de su trabajo artístico con el de Marcel Duchamp. Aunque formalmente opuestos, conceptualmente ambos trataban de encontrar aquello que hace arte al arte, pero que no se encuentra en alguna característica intrínseca del objeto, sino en el ojo y en la mente del espectador. Tanto Giacometti como Duchamp analizaron la relación de lo visible con lo visual, esta cuestión es fundamental para comprender el desarrollo del arte del siglo XX hasta nuestros días. Me gustaría aprovechar el espacio de hoy para desarrollar un poco estos conceptos y que el lector no quede tan a la deriva.

Lo visual pertenece enteramente al reino de lo físico: la luz incidiendo en el ojo, se interpretan los colores, las formas; vemos sólo lo que está aquí y ahora. Pero si cerramos los ojos, nos encontramos en otro territorio de imágenes; recuerdos, sueños, ilusiones, deseos se hacen visibles, pero no ante nuestros ojos.

Los avances en la psicología de los siglos XIX y XX como el psicoanálisis, la fenomenología de la percepción, la escuela Gestalt y el estudio de los sueños fueron determinantes para el arte de aquella época, pues develaron el potencial de las imágenes mentales, que no se forman sólo a través de los órganos visuales, sino que son producto de una construcción cognitiva. Así los cubistas intentaban desplegar la mirada, los dadaístas anular la lógica de los procesos mentales como operación artística y los surrealistas escudriñaban en el inconsciente para hallar imágenes, paisajes, lugares u objetos no vistos en la realidad.

El filósofo francés Jean-François Lyotard en su conferencia La ceguera necesaria (1995), después publicada como texto, explica brillantemente este fenómeno del arte moderno y contemporáneo de materializar una visión; esto requiere dejar de ver, cancelar lo visible para que lo otro pueda surgir. En ella pone como ejemplo a Paul Cézanne y la montaña Saint Victoire, que pintaría una y otra vez, para por fin, aún estando frente a ella, no verla: “(...) evidentemente deja de ver en el sentido usual de la palabra, porque si no, a lo sumo verá la organización del paisaje, los cromatismos, la iluminación del día (...) Tal es la crueldad: lo visible impide pintar, es el obstáculo para la pintura, así como lo decible es el obstáculo para la escritura. Se pinta en contra de lo visible y se escribe en contra del lenguaje”.

La novia desnudada por sus solteros o El gran vidrio (1915-1923), de Marcel Duchamp, es una pieza que muestra lo intangible de esas visiones mentales que el arte desea capturar en un momento real.

Sobre el vidrio transparente pinta Duchamp enigmáticas formas mecánicas, parecen flotar sin soporte, sobreponiéndose a todo lo que les rodea. Simplemente aparecen.

El arte contemporáneo está lleno de visiones: la lata de Campbell’s de Andy Warhol, el Spiral Jetty de Robert Smithson, los iglús de Mario Merz, los globos gigantes de Jeff Koons, la sexualidad despojada del deseo en Sarah Lucas, la posibilidad en el arte de instrucción de Yoko Ono… ¿Qué vemos cuando vemos arte contemporáneo? Nuestros ojos sólo perciben la facticidad de la luz, pero en el arte podemos ver y advertir claramente aquello que apareció cuando el artista se indujo a la ceguera.

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