Opinión

Virgilio y la mujer del César

26 agosto 2015 5:0
 
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Virgilio Andrade, nuevo titular de la SFP. (SFP)

Dice la sabiduría popular que la mujer del César no sólo debe ser virtuosa, sino que también debe de parecerlo. Esta frase nunca tuvo más sentido para los mexicanos que en el momento actual, justo después de la entrega de conclusiones que sobre diversos conflictos de interés, hizo el Secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade. El resultado no sorprendió a nadie, pero hizo enojar a muchos, muchísimos, que ven la confirmación de una investigación a modo con la finalidad de tapar actos que tienen un fuerte tufo a “conflicto de interés” cuando no a olor de cloaca de corrupción. En este espacio nos hemos ocupado en diversas ocasiones sobre la llamada justicia plebiscitaria, en que el tribunal popular de la opinión pública acusa, juzga y condena sin que el acusado esté siquiera enterado de ello. La salud de la república requiere que las instituciones encargadas de procurar e impartir justicia, sean a prueba de balas, a prueba de cañonazos –de los que daba Obregón- y la realidad es que eso, no sucede. La credibilidad de las instituciones en México es prácticamente inexistente. La aburrida y legaloide explicación que dio Andrade sobre el porqué en los casos sometidos a su investigación no existió el menor asomo de conflicto de interés, tal vez sean impecables desde el punto de vista jurídico –sólo tal vez-, pero evitan lo que la sociedad demanda: señalamientos claros de que la no violación de la ley no necesariamente implica que el comportamiento de los señalados sea ético o moral. Existen tantos elementos que son objeto de la suspicacia ciudadana sobre los que Andrade simplemente pasó de largo. No hubo una sóla condena a actos legales inmorales, cómo es el hecho de comprar inmuebles a quién se benefició antes y se benefició después. Se limitó al momento de la operación en que –efectivamente- no existieron los elementos contenidos en la norma para dar una condena jurídica, pero la evidencia de aprovechar los huecos de dicha ley en su beneficio, ni siquiera fue considerado en su dictamen. Eso es poco ético, es inmoral y es aberrante. Decía Norberto Bobbio que la legitimidad en la autoridad de los gobernantes, mucho tiene que ver con la voluntad de los gobernados de someterse a ellos, por considerarlos los mejores hombres y mujeres para el trabajo. Es decir, no basta con tener el puesto, también hay que ganarse la voluntad ciudadana de ser obedecido y esa, se gana todos los días. Tal vez Virgilio tenga razón, tal vez no hubo conflicto de interés desde un punto de vista legaloide, pero también es evidente que hubieron actos inmorales y aprovechamiento de una posición privilegiada para obtener beneficios. En este contexto, un gobierno que no es capaz de generar el sentimiento de legitimidad en la población está destinado a vivir lejos de ella y, así, a la gente poco le importa si la mujer del César es virtuosa o no, sino lo que le importa es que se vaya lo más pronto posible. Triste futuro para un gobierno que apenas va a la mitad del camino, a ver quién se cansa primero.

Twitter:@carlosjaviergon

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