Opinión

Violencias

Ante lo lacerante de la realidad, el film que versa sobre la violencia es un anacronismo. Sin embargo, se convierte en una suerte de catártico exceso pensado para el desahogo emocional antes que para la contundencia cinematográfica o estilística. Aunque no renuncia del todo a sobre-estilizaciones visuales que mantienen un extraño equilibrio entre el suspenso y el tedio.

Para sustentar su probable efectividad el cine de la violencia se re-inventa como derivación melodramática. Algo más personal que la simple inhumanidad de las balaceras. Debido a que todos coinciden en lo liberador de la experiencia, el film que se nutre de la violencia sobrevive de forma menguante, a veces expresando con toda crudeza su idea de venganza y otras nada más confirmando su fatiga existencial en un mundo donde la realidad es cruel. Así que resulta complejo vivir con Furia implacable en Otro día para matar.

Furia implacable (2014, Paco Cabezas) empieza como un tierno melodrama donde el ex matón irlandés Paul Maguire (Nicolas Cage en decadencia absoluta), ahora un exitoso empresario constructor, descubre un día que su también tierna hija adolescente Caitlin (Aubrey Peeples) desaparece. ¿Secuestrada? La duda mata al pobre Paul obsesionado con recuperar a la niña. Pero enfrenta su oculto pasado en el que atacó y mató sin saberlo al hermano del duro mafioso ruso Chernov (Pasha D. Lychnikov), a quien considera responsable de la desaparición de su hija.

Convertido en improvisado detective junto con sus ex cómplices Kane y Danny (los tiesos e inexpresivos Max Ryan & Michael McGrady), Paul ya no busca quién se la hizo sino quien se la pague. Y de paseo por las tumbas donde sepulta a su hija, se topa con Francis (Peter Stormare), capo al que respondía en el pasado, que lo obliga a no cobrar venganza, y le pide siga su vida en compañía de su solidaria segunda esposa Vanessa (Rachel Nichols) quien, a su vez, lo insta a actuar sin importar las consecuencias.

La tierna noción de una vida tranquila es trastocada por la violencia con que Paul responde ante lo que considera el ajuste de cuentas de su pasado. Siguiendo la lógica de la destrucción, el melodrama familiarista de Cabezas se vuelve un film de implacable virulencia, hecho con un deteriorado estilo visual por completo desconcertante en manos del virtuoso fotógrafo Andrzej Sekula (famoso desde los Perros de reserva de Tarantino), que ahora aparece desconcertado ante una historia pensada como derivación de un melodrama convencional que acaba en baño de sangre.

Film desquiciado y desquiciante -ineptamente dirigido por Cabezas, quien no va más allá de ilustrar un simple argumento absurdamente lleno de lugares comunes, con giro de tuerca malo por obvio-; su discurso sobre la violencia queda apenas como caricatura que complementa el ridículo, esa penosa confirmación de cuán decadente es el cine violento.

Y sin embargo, Otro día para matar (2014), debut de los expertos especialistas en stunts David Leitch & Chad Stahelski, comienza como otro melodrama sobre la pérdida amorosa sufrida por el ex matón de la mafia rusa John Wick (Keanu Reeves), de súbito convertido en vengador debido a una causa definida (“¿por qué golpeaste a mi hijo?”; “porque a John Wick le robó su auto y mató a su perro”; “ah”).

Hiperviolento de principio a fin con abundancia de stunts para darle mayor dramatismo y dinamismo a esta caricaturesca exhibición/exaltación/fantasía del submundo criminal que escribiera con cierto humor el cuasi debutante guionista Derek Kolstad y que capta con inspiración el experimentado fotógrafo francés Jonathan Sela, Otro día para matar es un coctel de experiencias sensoriales -desde el dolor del antihéroe hasta las rutinas protocolarias del hotel de los matones- que se convierten en una criminal bola de nieve donde toda exageración estética y dramática están permitidas para beneficio de una trama tan artificial como toda la cinta misma, en el fondo una descarada apología del cinismo contemporáneo basada en el código de honor entre asesinos.

Con ello reafirma que se trata de una elaborada fábula violenta y melodramática sobre el hombre que mata a todos por arrebatarle la esperanza, el Mustang 1969 y en especial el perrito, su último rasgo de humanidad para siempre perdida. O tal vez no porque el can resucita con otros rasgos para ser paseado por un trastabillante John Wick bajo las titilantes luces nocturnas. Hasta el amanecer y más allá.