Opinión

Violencia sexual, 
los trapos al sol

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MIles de mujeres han marchado en contra de la violencia de género y los feminicidios. (Cuartoscuro)

Importantes cambios están gestándose en las normas sociales de México; están modificándose reglas tradicionales que han regido por siglos nuestra convivencia en sociedad, y con base en las cuales definimos cuáles conductas son apropiadas y aceptables, y cuáles no lo son. Paralelamente a estos cambios en nuestra mentalidad colectiva, toma forma entre nosotros una nueva cultura de la denuncia, que se aparta del griterío y la vociferación tradicionales, y que consiste más bien en procesar nuestras inconformidades y frustraciones diarias a través del hábito de criticar o acusar públicamente (es decir, en redes sociales) y con pruebas.

Hoy nuestra 'prueba' preferida es el video, es decir, la filmación del acto o evento que estamos denunciando. Al denunciar, difundiremos masivamente este video en redes sociales. Ya no se trata de críticas febriles a un 'gran sistema', o a 'una ideología'; ahora se trata de exhibir puntual y públicamente incidentes de nuestra vida en sociedad que nos parecen dañinos, corruptos, repulsivos.

A pesar de los vicios que esta nueva cultura de la denuncia pueda tener –como la transgresión de la privacidad–, se trata de un avance colosal en términos de construcción de ciudadanía. Esta nueva cultura está presente en Javier Fernández Gómez, quien hace unas semanas decidió denunciar públicamente (con videos en mano) el ataque sexual del que fue víctima su hija cuando tenía 16 años por parte de cuatro jóvenes adultos (quienes enviaron tales videos a la víctima para pedir perdón, al tiempo que reconocían su falta).

También, Andrea Noel, periodista americana freelance, es portadora de esta nueva cultura de la denuncia cuando dio a conocer en Twitter
–video de por medio– el ataque sexual del que fue objeto el pasado ocho de marzo cuando caminaba a plena luz del día en una calle de la colonia Condesa. Asimismo, ha sido esta nueva cultura la que hace unos días empujó a una mesera del restaurante tabasqueño El Teapaneco a videograbar y exhibir en redes a un hombre que tocaba indebidamente a una menor. Finalmente, esta nueva cultura llevó a un grupo de transeúntes acapulqueños a videograbar y denunciar el pasado 27 de marzo a Walter Zuk, un canadiense que besaba y manoseaba a dos niñas en vía pública.

Estos hechos han generado tal nivel de indignación que han obligado a las autoridades de Veracruz, Ciudad de México, Tabasco y Guerrero a tomar cartas sobre cada uno de estos asuntos. Como es costumbre, en nuestro país las fiscalías o agencias de procuración de justicia sólo actúan cuando incidentes como los que acabo de mencionar se vuelven altamente visibles en la opinión pública, y pueden ocasionarle daños políticos y electorales a gobernadores o alcaldes.

Y justamente es la visibilidad pública la que puede convertirse en el antídoto por excelencia para que los incidentes de violencia sexual sean cada vez menos frecuentes en nuestro país. El ocultamiento sistemático de este tipo de conductas, ya sea por parte de la víctima o de sus familiares (cuando se trata de menores), es uno de los factores que ha contribuido decisivamente a reforzar y perpetuar este tipo de delitos. No podemos hacerle mejor favor a los depredadores sexuales que callar sus crímenes por los 'efectos estigmatizadores' que pudiera tener su revelación pública. El silencio que generalmente acompaña a estos delitos es el mecanismo idóneo para propiciar su crecimiento.

La violencia sexual agrupa un tipo de delitos que existe y prospera en la oscuridad. Justamente por eso reaccionaron de modo tan agresivo muchos de quienes practican o simpatizan con la violencia sexual, cuando Andrea Noel denunció el ataque y subió el video a Twitter. Andrea recibió decenas de insultos y amenazas, a través de los cuales dos mensajes se dibujaron con nitidez: 1) has sufrido un ataque porque “eres una puta”, es decir, tú misma lo has propiciado; y 2) si denuncias aparecerás ante todos como una puta, es decir, denunciar te hará más puta de lo que ya eres. Estos razonamientos, trampas retóricas de los abusadores, convencieron durante mucho tiempo a las víctimas para que no denunciaran. Hoy ya no convencen a nadie.

En el México actual, para las nuevas generaciones, ningún tipo de violencia sexual es tolerable. Se trata de un conjunto de delitos oprobiosos, de alto impacto, que deben denunciarse públicamente cuando no reciban castigo pronto. Qué maravilla que hoy muchas de las víctimas encuentren en el 'video' el elemento de prueba que les faltaba para que se les haga justicia, y los trapos de los delincuentes salgan al sol.

​Twitter:
@laloguerrero

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