Opinión

Violencia mexicana: tendencias recientes

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Baja la tasa de homicidios dolosos

Durante los primeros siete meses de 2015 se han registrado cuatro mil 520 homicidios relacionados con el crimen organizado (datos de Lantia Consultores). Esta cifra es menor a los cinco mil 280 que se contabilizaron el año pasado en este mismo periodo, y a los seis mil 882 de 2013. De hecho se trata de la cifra más baja desde 2009, cuando se registraron cinco mil cinco ejecuciones de enero a julio. A primera vista, estos datos son alentadores e indican que, probablemente, algunas decisiones estratégicas y programas públicos en materia de seguridad pública están arrojando resultados positivos.

Sin embargo, una exploración más minuciosa de los datos revela algunas tendencias inquietantes. Al desagregar los datos por mes se aprecia que entre enero y julio de 2015 los registros de ejecuciones mensuales tienen una ligera tendencia al alza, y de mantenerse al cierre del año el número de ejecuciones podría rebasar las ocho mil cuatro registradas en 2014. La proyección revela que la cifra total de ejecuciones en 2015 podría ser marginalmente superior a la de 2014
–apenas por tres por ciento, equivalente a 258 ejecuciones–, pero esto significaría que la pendiente negativa en las ejecuciones observada desde 2012 se habría detenido. Los datos de homicidios publicados la semana pasada por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública confirman esta tendencia.

Una primera explicación de lo anterior es el regreso de la violencia del crimen organizado a las grandes ciudades. A partir de 2012, año en el que inició el descenso de los homicidios relacionados con el crimen organizado, aumentó también el porcentaje de ejecuciones registradas en los municipios con menos de medio millón de habitantes (de 52 por ciento en 2012 pasaron a ser 64 por ciento en 2014), mientras que las ejecuciones en municipios con más de medio millón de habitantes disminuyó (de 48 por ciento en 2012 pasaron a ser 36 por ciento en 2014). Este cambio en la geografía de la violencia se debió, entre otros factores, a que los operativos de seguridad se concentraron en las grandes urbes, lo que obligó a algunas células criminales a trasladarse a localidades ubicadas en la periferia de estas ciudades e, incluso, a zonas rurales.

En 2015 la tendencia a la baja en la violencia que se venía registrando en las grandes ciudades se ha revertido, pues el porcentaje de ejecuciones ocurridas en municipios con más de 500 mil habitantes ha aumentado cuatro puntos porcentuales con respecto a 2014. Lo anterior se manifiesta particularmente en Acapulco, Ciudad Juárez, Culiacán y Tijuana donde la violencia ha adquirido un carácter endémico. Estos cuatro municipios comparten la característica de ser plazas de alto valor estratégico para las organizaciones que trafican drogas, ya sea por su ubicación fronteriza o costera, o porque albergan atractivos mercados domésticos de narcomenudeo. Su gran valor estratégico propició en el pasado que algunos de los cárteles más importantes –Arellano Félix, Beltrán Leyva, Carrillo Fuentes, Pacífico– establecieran en ellos sus bases operativas e invirtieran vastos recursos para evitar que grupos rivales, o las mismas autoridades, interfirieran en sus negocios. Estas circunstancias indican que los índices de violencia en estos municipios son relevantes por partida doble, pues además de reflejar sus condiciones de seguridad, sirven también como indicador sobre la presencia geográfica y el tipo de relaciones que mantienen algunos de los grupos criminales más amenazantes.

Este ligero repunte reciente de la violencia debe obligar a las autoridades federales y estatales (particularmente a las de Guerrero, Michoacán, Chihuahua, Tamaulipas, Baja California, Guanajuato y Sinaloa) a introducir cambios en las estrategias regionales y locales que tienen lugar en sus entidades. Ha llegado el momento de evaluar con especial rigor algunas acciones que ahí se implementan desde hace años de modo inercial. Como escribí hace un mes en este mismo espacio, operan a lo largo del país 202 organizaciones criminales que le están ganando terreno a los grandes cárteles. Al ser más pequeñas y de carácter local, estas organizaciones son altamente elusivas y pueden operar eficazmente en entornos con alta densidad de elementos federales de seguridad –como Acapulco, Ciudad Juárez, Culiacán y Tijuana.

Lo anterior revela una capacidad de adaptabilidad por parte de las bandas criminales que no ha sido replicada por las instituciones de seguridad. Me explico: en algunos puntos del noreste que también presentaron niveles de violencia críticos, como La Laguna o Monterrey, la desarticulación de las principales organizaciones criminales estuvo acompañada de una estrategia de fortalecimiento institucional a nivel local. Estas corporaciones locales, de menor tamaño, mayor movilidad y mejor conocimiento territorial que las agencias federales, resultan frecuentemente más efectivas para combatir a las pequeñas organizaciones criminales; de ahí que hayan sido exitosas en contener nuevos escalamientos de violencia.

Debemos indagar las causas del incipiente repunte de la violencia que se ha observado en lo que va de 2015. La debilidad de las fuerzas de seguridad locales parece ser uno de los factores cruciales que ha propiciado este cambio de tendencia. El establecimiento de un esquema dual de adhesión al Mando Único Policial permitiría adaptar a las agencias de seguridad locales para hacer frente a las nuevas exigencias, sin desmantelar a las corporaciones municipales que ya funcionan de modo eficaz.

Twitter: @laloguerrero

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