Opinión

Violencia inherente al PRD

10 febrero 2014 4:50 Última actualización 26 agosto 2013 5:10

 
Manuel Villa
 
 
Tal como se ha venido repitiendo desde que el PRD se apropió del gobierno de la ciudad de México durante la gestión de Andrés Manuel López Obrador, un recurso fundamental de permanencia y dominio es la manipulación de la violencia y su extensión creciente. Desde entonces estaba claro que la supuesta “tolerancia” hacia las acciones arbitrarias de diversas organizaciones, confiscando espacios públicos al ciudadano y convirtiendo muchos de ellos en zonas  de violencia potencial, de no detenerse a tiempo, entraría en una escalada autoalimentada cada vez más difícil de desmontar. Las diversas acciones violentas de la CNTE que se ha visto y padecido en los últimos días en la ciudad lo confirman. La capacidad de fuerza y de confrontación ha venido acrecentándose al grado de que resulta casi imposible detenerla, pues es también muy alto el riesgo de consecuencias sangrientas lamentables.
 
 
La dificultad está en que las autoridades del gobierno de la  ciudad sólo se plantean la parte del problema que les conviene. Así, el ciudadano tiene que tragarse estas falacias por no decir coartadas: “…el secretario de gobierno, Héctor Serrano, señaló que se ofreció una ruta de diálogo, con la finalidad de evitar que las manifestaciones sigan afectando a los ciudadanos…Desalojar a los maestros por la fuerza provocaría un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con desenlace fatal… Son 7 mil 800 maestros que están dentro de circuito y la única forma de retirarlos es evidentemente con fuerza, no va haber fuerza porque obviamente el meter fuerza pública para tratar de sacar a los maestros del circuito tendría que ser cuerpo a cuerpo y eso implica contacto físico.” “Los capitalinos deben saber, consideró, que el gobierno del DF, a cargo de Miguel Ángel Mancera, está haciendo todo lo posible por agilizar las vialidades en arterias cercanas a la zona del bloqueo.” (Reforma, Ciudad, 23 agosto 2013)
 
 
Estas declaraciones dan prueba de que la CNTE –organización a todas luces paralela al PRD y afín a López Obrador–, ha logrado que la escalada que inició hace años la coloque en condición, no sólo de impunidad, sino de poder fáctico sobre el ciudadano. Que hagan lo que quieran, que el jefe de Gobierno se ocupará de que los ciudadanos se restrinjan de la manera más conveniente, a fin de que los violentos operen con toda libertad.
 
 
Migue Ángel Mancera resulta calca de Marcelo Ebrard, insiste en considerar que la tarea de gobierno, en lo esencial, consiste en el disfrute del puesto, en emitir la declaración insulsa de cada día y la correspondiente fotografía chabacana. Porque sólo con tan pobre idea de la responsabilidad pública se entienden sus declaraciones y las de su colaborador. Mancera afirmó que abrirá una mesa de diálogo y señaló: “Estaré pendiente de cuidar que la ciudad no se convierta en una arena de lucha, en un campo de batalla”. Más irresponsable no puede ser  una declaración gubernamental; el funcionario evita el campo de batalla, pero no impide que los vándalos arrasen con zonas de la ciudad a su antojo. Por lo demás, la CNTE y otros violentos convierten a la ciudad en campo de batalla cuando así lo quieren.
 
 
Durante los más de doce años de gobierno sexenal perredista lo único que queda claro y ratificó Miguel Ángel Mancera, es que no tienen idea de lo que es el Estado de Derecho. Pretendiendo que defienden los principios de la democracia, consienten que se transgreda la ley y, no ocultando que no pueden operar desde el Estado de Derecho –porque la violencia es intrínseca al perredismo–, se plantean el problema en esa pésima lógica. Más vale que uno haga violencia y no dos. Que se violente la CNTE y los afines al PRD, pero no la fuerza pública. Esta manera de colocar el problema no sólo es falaz, sino tramposa. Porque, además, exhibe la impreparación de la Policía en el DF y la esencia de los mecanismos de “gobernabilidad” del PRD, los que dependen de la sujeción de los ciudadanos a las clientelas de ese partido y no de la sujeción de éstas a la ley y la convivencia ciudadana. Para eso quiere Mancera una Constitución para el D.F.
 
 
Por donde se debe empezar es por el deslinde claro del Gobierno de la ciudad de los sectores violentos del PRD; en seguida, por una política bien diseñada de límites a las acciones transgresoras de la ley. Y, para ello, se necesita antes que el propio perredismo se unifique en una política en ese sentido. Para empezar, Cuauhtémoc Cárdenas; rápido él para impedir o limitar reformas estructurales, para oponerse al gobierno federal, no aparece cuando, lo quiera o no, sus próximos arrasan. Prontos los perredistas para ir al Monumento a la Revolución, unificarse en la foto, levantar el puño y protestar, no se les ve por ningún lado, cuando sus afines vandalizan. Miguel Ángel Mancera debiera de empezar por aquí. Si hay una lucha cuerpo a cuerpo que dar, es la del cuerpo organizado de los políticos comprometidos con el Estado de Derecho, frente al cuerpo violento de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, y ahora es el momento de empezarla, no de evadirla.
 
 
Politólogo-consultor
 
manuelvillaa@hotmail.com