Opinión

Violencia inaceptable

 
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Joaquín Guzmán Loera

Impunidad, maldita impunidad.

Nosotros los mexicanos queremos, ante todo, fuentes de trabajo que nos permitan vivir con dignidad, y paz en nuestro país, en nuestro estado, en nuestro municipio y en nuestro hogar. PAZ, así, con mayúsculas, pues es ésta uno de los pilares sobre los cuales podemos impulsar nuestro desarrollo económico y personal. Sin ella, todo es cuestionable.

¿Cómo vamos a reducir la violencia y los delitos de alto impacto que ésta provoca si tenemos un índice de impunidad de 95 por ciento? Sí, aunque parezca increíble, sólo cinco de cada 100 personas que cometen un delito pagan sus culpas. Es buen negocio ser delincuente, sin duda, pues la relación riesgo/beneficio está totalmente desequilibrada.

Vemos con tristeza y desagrado que México retrocedió seis lugares en el Indice Global de Paz 2015 al colocarse en la posición 144 de un total de 162 países según informaron recientemente el Instituto para la Economía y la Paz junto con el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), lo que es una clara señal de la brutal violencia que padecemos los mexicanos.

Según informe del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante la presidencia de Enrique Peña Nieto han sido asesinadas en México 41 mil 737 personas.

Las cifras hablan por sí solas. México bronco, México violento, México que ha pasado de las bellas épocas en que me tocó vivir en donde los niños salíamos solos a los jardines y caminábamos tranquilos por las calles para acudir a nuestra escuela, a la inseguridad en la casa, en la calle, en la ciudad y en el país ¡Cómo extraño ese México en PAZ!, así, con mayúsculas, que, desafortunadamente, se ha transformado en un México violento en el cual todo puede suceder. Los narcotraficantes y su inmenso poder económico capaz de corromper lo mismo a ciudadanos que a políticos presuntuosos, son uno de los factores que han derrumbado nuestra ansiada tranquilidad, que debemos recuperar a toda costa.

Y todo esto lo remata y evidencia la fuga de uno de los delincuentes más famosos del mundo: El Chapo Guzmán. La fuga de este personaje sólo puede entenderse a partir de la corrupción y la intimidación.

Efectivamente, puede uno hacerse las siguientes preguntas: ¿Siendo un penal de alta seguridad en donde estaba recluido este personaje, y conscientes sus custodios de que ya se había fugado en 2001 de Puente Grande, otro penal también de alta seguridad, cómo pudieron burlarse los protocolos de vigilancia que permitían un monitoreo permanente de las actividades de este sujeto?

La construcción del túnel por el que se fugó El Chapo requirió mucho dinero y gran planificación ¿Cómo pudo dar las órdenes este delincuente para que la obra se llevara a cabo con extraordinaria precisión? Más aún, la construcción del túnel es indicativo de que los responsables de la obra contaban con los planos precisos del penal ¿Cómo los consiguieron si se supone que el conocimiento de estos planos es un asunto de seguridad nacional? La construcción de estos túneles no debería haber sorprendido a la autoridad, pues de hecho el Cártel de Sinaloa se ha destacado por su capacidad ingenieril para este tipo de obras, los túneles, que suman 159 entre los que cruzan la frontera. La realización de la obra implicó la construcción de una casa a kilómetro y medio, excavar, sacar toneladas de escombro y nadie vio ni escuchó nada. Extraño, muy extraño todo esto, excepto si se contaba con la complicidad de los responsables del famoso penal de “alta seguridad” y de otras autoridades.

La ineficacia del sistema penitenciario mexicano es evidente. Las cárceles en México son un lugar en donde se violan sistemáticamente los derechos más elementales, donde las actividades ilícitas están a la orden del día y en donde la corrupción impera.

Nuestras relaciones de cooperación con las agencias policiales y de inteligencia de Estados Unidos se han deteriorado, pues ellos solicitaron la extradición de El Chapo, quien también tenía cuentas pendientes en ese país; pero el gobierno mexicano, con toda seguridad, no quiso compartir la información de inteligencia en manos de ese famoso delincuente.

La fuga ahonda el déficit de credibilidad del gobierno de Peña Nieto, pues ésta se agrega a los casos de Tlatlaya e Iguala, pasando por el famoso asunto de la 'casa blanca'. Seguramente el señor presidente pasará algunos malos ratos en su viaje a Francia, frente a los cuestionamientos de los periodistas.

Nosotros, los mexicanos, necesitamos un presidente fuerte capaz de enfrentar los múltiples problemas que se le presentan. Es sencillo hacer escarnio de su figura en base a éste y otros episodios anteriores, pero todos seríamos perdedores. El presidente necesita de nosotros y nosotros necesitamos de nuestro presidente. Nuestro apoyo es indispensable.

Mañana será otro día.

El autor es presidente de Sociedad en Movimiento.

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