Opinión

Violencia electoral

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La vuelta al voto en un minuto

Las cifras de homicidios dolosos, y en menor medida las de secuestros, se han convertido en un instrumento político. Estos números son el principal indicador con el que se evalúa el desempeño del gobierno en materia de seguridad. Inevitablemente, detractores y partidarios de diversas autoridades buscan hacer una lectura política de las cifras de “incidencia delictiva” que mes con mes publica el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Sin embargo, es importante hacer algunas precisiones. En primer lugar, sólo siendo extremadamente licenciosos podemos utilizar el término “incidencia delictiva” para referirnos a estas cifras. La incidencia, de acuerdo al diccionario, es el número de casos ocurridos. Sin embargo, el SESNSP no puede publicar el número de delitos ocurridos porque no tiene la más remota idea de cuántos son, y ni siquiera hace un esfuerzo por estimarlos. Lo que el SESNSP reporta es el número de delitos registrados en averiguaciones previas, con base en reportes de las procuradurías o fiscalías generales de las 32 entidades federativas. El SESNSP también publica desde enero de 2014, con base en las mismas fuentes, cifras de víctimas de delitos de alto impacto, incluyendo homicidios. Sin embargo, la utilidad de estas últimas sigue siendo muy limitada porque sólo contamos con información para un año y medio.

En cualquiera de los dos casos, el reporte de incidencia o el de víctimas, mayo pasado parece haber sido un mes difícil. Por la parte de la incidencia se reportaron mil 463 homicidios, el mayor registro desde octubre de 2013. El número de víctimas de homicidio doloso, mil 621, es el más alto que se tiene desde que este indicador se comenzó a contabilizar, en enero de 2014. Dicho de esta forma, parecería que en el país nuevamente ha iniciado una tendencia de deterioro de la seguridad pública y expansión de la violencia. Yo me inclino a pensar que no es así.

En primer lugar, en términos de violencia, un mes es un periodo demasiado breve para identificar una tendencia. Las cifras de delitos son altamente volátiles (varían de forma significativa mes con mes). A lo largo de los tres años en los que la violencia disminuyó de forma acelerada, de mediados de 2011 a mediados de 2014, ya se han observado otros tropiezos importantes. Por ejemplo, de febrero a mayo de 2012, cuando la incidencia reportada de homicidio doloso aumentó casi 20 por ciento.

En segundo lugar, es probable que el alto número de homicidios que observamos en mayo se deba a un factor transitorio: la experiencia de los últimos años sugiere que las elecciones generan violencia. En los últimos tres procesos electorales federales (2009, 2012 y 2015) hemos visto un repunte en las cifras de homicidio dolosos conforme se acerca el día de la jornada electoral. En junio de 2009, el mes previo a las elecciones, los homicidios dolosos se incrementaron más de 10 por ciento respecto al promedio de los meses previos. En dicho mes fue cuando el país alcanzó por primera vez en varios años el umbral mensual de mil 400 homicidios. El tercer bimestre de 2012 (mayo y junio, los dos meses previos a la elección) fue el más violento de ese año. Por último, como ya se mencionó, mayo pasado fue un mes excepcionalmente violento. Los reportes que escuchamos de asesinatos de candidatos (junto con muchos otros casos de violencia que no llegan a los medios) probablemente sí tienen un impacto, aunque sea moderado, en las cifras agregadas.

En tercer lugar, es probable que haya algo de artificial en la variación de las cifras de violencia. Me explico: en los años en los que los homicidios crecieron de forma acelerada (de 2008 a 2011) las procuradurías de algunas entidades, muy particularmente la de Michoacán, maquillaron sus cifras para que resultaran menos alarmantes de lo que en realidad eran. La forma de hacerlo fue clasificar algunos asesinatos como homicidios culposos, es decir no intencionales. Sólo así se explica que en dos años (de 2007 a 2009) los homicidios culposos crecieran 50 por ciento en Michoacán. Parece ser que en los últimos meses se ha revertido de forma parcial esta práctica. El promedio mensual de víctimas de homicidio culposo en el estado pasó de 140 entre mayo y agosto de 2014, a 118 entre septiembre de 2014 y mayo de 2015. Una disminución de 15 por ciento que no resulta plausible como resultado de una disminución efectiva en el número de homicidios accidentales.

En resumen, hay varios factores coyunturales que explican que en mayo pasado se haya registrado una cifra de homicidios dolosos particularmente alta. Ésta no implica que haya iniciado una nueva espiral de violencia en el ámbito nacional. Lo que sí nos dice un análisis pausado de los datos es que la tendencia de disminución en los homicidios dolosos –que inició a mediados de 2011 y fue acelerada hasta finales del año pasado– perdió fuerza en la primera mitad de 2015. El principal riesgo es entrar a un periodo de estancamiento, con tasas de homicidio que siguen siendo mucho más altas a las que resultan tolerables en una sociedad moderna.

Twitter: @laloguerrero

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