Opinión

Vientos en contra y
a favor en México y EU

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México EU

En la semana pasada tuvimos en México la revisión de los pronósticos de crecimiento de la Secretaría de Hacienda y en Estados Unidos una conferencia de Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal. En ambos casos se enunciaron los impedimentos que existen para acceder a un mayor crecimiento, así como los factores que han contribuido al mismo.

En el caso de la revisión de pronósticos en México hay una coincidencia generalizada para reducir las expectativas. El Banco de México redujo su rango en medio punto a un objetivo entre 2.0 y 3.0 por ciento. La Secretaría de Hacienda bajo en un punto su rango a 2.2 y 3.2 por ciento. La última encuesta de Banamex entre analistas del sector privado sitúa la media del crecimiento esperado en 2.7 por ciento. La última encuesta del propio Banco de México se ubica en 2.8 por ciento.

También hay coincidencia en el diagnóstico sobre los factores que explican la debilidad en el crecimiento en nuestro país (los vientos en contra): una actividad inferior a la esperada en Estados Unidos, la drástica reducción en los precios petroleros combinada con una caída en la producción de Pemex superior a la estimada.

En el lado opuesto, tenemos en México fuertes vientos a favor: las reformas empiezan a dar algunos frutos. La reducción en las tarifas eléctricas (que se debe a la conversión a gas en las plantas de ciclo combinado), y la desaparición de las tarifas telefónicas de larga distancia han influido en bajar la inflación a menos de 3.0 por ciento y a liberar recursos para el consumo. El dinamismo del sector automotor y las fuertes inversiones que están haciendo los participantes en éste han motivado un verdadero boom económico en el Bajío.

La inversión extranjera captada en el primer cuatrimestre supera nueve mil millones; las remesas familiares están creciendo por arriba de 6.0 por ciento anual; el empleo ha mantenido su dinámica a un ritmo superior a 4.0 por ciento anual, lo que junto al incremento del salario de más de 4.0 por ciento, ha hecho subir la masa salarial en más de 8.0 por ciento nominal.

Como resultado de todos estos factores, el PIB al primer trimestre de la economía de México reportó un aumentó en 2.5 por ciento real anual; ligeramente abajo de nuestra estimación de 2.6 por ciento. Dinamismo superior al de los ocho trimestres previos con un promedio de 1.8 por ciento real anual, apuntalado por el crecimiento del sector agrícola y sobre todo el de los servicios.

En Estados Unidos, la conferencia que sostuvo la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, también abundó en los factores que explican el bajo crecimiento de la economía de Estados Unidos, que creció en el primer trimestre de este año al 0.2 por ciento trimestral anualizado, equivalente a 3.0 por ciento real anual. Cifra que se compara con el 2.7 por ciento real anual que estamos comentando para México en el primer trimestre.

Como vientos a favor Yellen destacó que los consumidores se han beneficiado de los muy bajos precios del gas, lo que equivale a un “impulso considerable en el poder adquisitivo de las familias”, estimado en alrededor de 700 dólares mensuales por hogar en promedio. El empleo y los salarios están creciendo, junto con una mayor participación de la población en el mercado laboral. El crédito al consumidor se ha restablecido. El déficit fiscal se ha estabilizado por debajo de 3.0 por ciento sobre el PIB. La Bolsa de Valores ha triplicado su valor en unos cuantos años, generando un efecto riqueza que favorece el consumo. Las muy reducidas tasas de interés permiten una mayor inversión en la economía real.

Yellen enumeró también tres “vientos en contra” específicos que están restringiendo el crecimiento.

El primero es la reducción en la riqueza patrimonial de las familias que todavía persiste ante los bajos precios de las casas y la carga del servicio de créditos hipotecarios que tiende a reducirse, pero que todavía tiene un peso importante en el gasto del consumidor.

El segundo es la importante captación de impuestos que está teniendo el gobierno americano que implica menores recursos para el consumo.
Por último, el débil crecimiento en el exterior y la fortaleza del dólar han hecho mella en las exportaciones estadounidenses.

A estos vientos de frente hay que agregar la reducción en la inversión y en la producción de hidrocarburos que se está dando en Estados Unidos a partir de la debacle observada de los precios del petróleo, lo que implica también menor creación de empleo en diversos sectores conectados con la industria petrolera como la industria siderúrgica.

Twitter: @ErnestoOFarrill

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