Opinión

Vienen tiempos difíciles, no perdamos más tiempo

 
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Tiempos oscuros para Pemex. (Cuartoscuro)

Me da la impresión de que nuestros gobernantes toman decisiones como si México fuese una isla, más o menos inmune al resto de un mundo que se adaptará a nuestros ritmos y tiempos. Los ajustes anunciados ayer por el secretario de Hacienda y por el gobernador del Banco de México responden a una realidad innegable: la economía mundial se desacelera, la producción de manufacturas estadounidense se debilita, y veremos años de petróleo barato.

A pesar de un entorno tan poco halagüeño, recordemos que México es la envidia del resto de América Latina, dada su baja dependencia de exportar materias primas, y porque tiene finanzas públicas razonablemente sanas. Pero, estamos muy cerca de que esta última afirmación sea cosa del pasado.

La planeación de la política económica -fiscal y monetaria- mexicana tendrá que hacerse a la idea de un precio de la mezcla mexicana que podría estar entre 20 y 40 dólares, cuando la protección de las coberturas acabe este año. La oportunidad para haber hecho una reforma fiscal amplia y profunda, de ensanchar la base de contribuyentes, de tomar medidas reales para disminuir la proporción de la economía que se mantiene en la informalidad, de crear estructuras para incrementar recaudación -y rendición de cuentas- a nivel municipal y estatal, de racionalizar el gasto público eliminando excesos grotescos, e incluso la de reducir la dependencia fiscal a Pemex, se agregan a una larga lista de oportunidades perdidas. No se hicieron a tiempo, pagaremos las consecuencias. Por si fuera poco, el que estemos en un año en el cual hay elecciones en una docena de estados, en nada ayuda. Desafortunadamente, apuesto a que se hará hasta lo imposible por mantener bien aceitada la chequera que permita gasto cuantioso (y superfluo) en entidades en contienda.

Una vez más, sufrirá el gasto en inversión. Éste, medido como proporción del PIB, ya estaba en su menor nivel en más de 75 años.

Nos dicen que se eliminarán sólo aquellos proyectos de inversión que no tenían sentido económico. ¿Y por qué seguían en la lista si no lo tenían? Es la pregunta obvia.

En cierto sentido, esta crisis presenta nuevas oportunidades. Fuerza a que el gobierno dependa más de entidades privadas para hacer inversión que urge realizar. Cuando se dice que hay dos Méxicos, refiriéndonos a estados manufactureros industrializados del centro y norte, versus los que no lo son, quizá podríamos hacer otra distinción entre el México de empresas que dependen de decisiones y presupuestos gubernamentales, y aquellas que son internacionalmente competitivas, a pesar de las decisiones del gobierno. Recarguémonos en estas últimas. Reforcemos instrumentos de financiamiento en mercados de capitales que permitirán la canalización de recursos privados -locales e internacionales- al desarrollo de infraestructura.

Pero, sobre todo, un entorno como el actual tiene que forzar a este gobierno a darse cuenta de la urgente necesidad de modernizar al país, mucho más allá de lo puramente cosmético. Esta es una gran oportunidad para cortarle el cordón umbilical a Pemex, una vez que se planteen las medidas necesarias para resolver temas como el de contingencia laboral.

Claramente, la salida de Emilio Lozoya ocurrió ante la necesidad de la Secretaría de Hacienda de tener un mejor interlocutor en un proceso de reestructuración y recapitalización de la paraestatal, además de lograr un cambio en su régimen fiscal que les permita ser una empresa viable.

Ojalá esta salida sea la primera de muchas, en las que funcionarios públicos que no están dando el ancho se vayan a su casa, independientemente de cuan cercana sea su relación con el presidente Peña Nieto o con los “tres amigos” (Videgaray, Osorio y Nuño).

La selección de José Antonio González para reemplazarlo en el cargo parece acertada, dados sus resultados en posiciones previas y su determinación para entrarle a negociaciones complicadas, como las que tuvo con el sindicato del IMSS.

México requiere de una gran reforma en sus finanzas públicas. No es momento políticamente idóneo para hacerla, pero no hay de otra. Urge cerrar la llave al despilfarro en los presupuestos estatales, reducir fuertemente el presupuesto a partidos políticos y al poder legislativo, entre muchos otros gastos que nunca tuvieron sentido. Hay que considerar un IVA generalizado e incrementar urgentemente la base de recaudación. Pero, sería profundamente injusto pedir sacrificios sin hacer un combate real y profundo a una corrupción creciente, hedionda y ofensiva. Estamos jugando con fuego al no enfrentarla, arriesgándonos al país, poniéndoselo en bandeja de plata a un populista.

El gobierno de México tiene que probar que toma en serio sus finanzas públicas, y que no se seguirá endeudando para financiar gasto corriente. Es profundamente inmoral pedir que nuestros hijos paguen mañana por nuestros excesos de hoy.

Pero, sobre todo, démonos cuenta de que la volatilidad en los mercados financieros presagia turbulencia internacional que se avecina. Tenemos que estar preparados.

Twitter: @jorgesuarezv

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